Tenía grandes esperanzas de que mi madre se jubilara, se mudara al pueblo y nos dejara a mí y a mi esposa su piso de tres habitaciones en Madrid.
Quiero contaros la historia de mi vecina Carmen, que ahora tiene 68 años. Carmen siempre había vivido sola en su piso de tres habitaciones. Hace poco, decidió alquilarlo y se fue de viaje.
Su hija, Inés, vino a hablar conmigo bastante molesta:
¿Pero qué hace mi madre? ¡Me ha decepcionado muchísimo! Ahora mi suegra grita que yo también acabaré perdiendo la cabeza cuando sea mayor. Dice que de tal palo, tal astilla. Además, mi marido y yo acabamos de pedir un préstamo para el coche. Llevamos dos meses con retrasos. Contábamos tanto con mi madre: ¡que nos ayudara! ¡Pero nos ha fallado! Ha alquilado el piso y se ha ido de viaje.
Miré a Inés sin poder creerlo: ¿por qué debería su madre pagar el préstamo del coche de ellos? Ella continuó despotricando:
Mi suegra está enfadadísima porque vivimos en su casa, y encima mi madre ha alquilado el suyo.
Entiendo que Inés busca que yo le dé la razón, pero sinceramente creo que Carmen ha hecho lo correcto. Tiene derecho a vivir su vida como ella quiera. ¿Por qué la gente piensa que cuando una mujer se jubila debe dedicar su tiempo exclusivamente a los hijos y nietos? ¡Eso no es justo! Así que le pregunté a Inés:
¿Por qué no confías en ti y tu marido? ¿Por qué no habéis empleado los años de vuestro matrimonio para ahorrar y comprar vuestra propia casa? Así tu suegra no tendría nada que reprocharos.
Inés me confesó:
Tenía tanta ilusión de que cuando mi madre saliera de trabajar se fuera al pueblo, y que mi marido y yo pudiéramos quedarnos con su piso de tres habitaciones en Madrid
Decidí bromear con Inés y le dije: ¡No no no!
¿Y si a Carmen le diera por casarse? Ella tenía una amiga que fue de vacaciones a Marruecos, allí conoció a un hombre y acabó casándose con él. Ahora vive feliz allí. Quién sabe, igual a Carmen le ocurre lo mismo.
Tras escucharme, Inés se me quedó mirando boquiabierta. Hace poco había visto fotos de Carmen en internet. Escribía que estaba disfrutando de su retiro y de la vida. Me alegré muchísimo por ella. Estoy convencido de que ha hecho lo correcto. La edad no es ningún impedimento para ser feliz ni para vivir nuevas experiencias agradables.






