Mi exsuegra nos vigila: la madre de mi difunta esposa sigue invadiendo nuestra vida familiar en Madrid tras mudarse miles de kilómetros para estar cerca de mi hija, y ahora no sé si dejarla entrar o cerrar la puerta definitivamente

Mira, te tengo que contar lo que me está pasando con mi ex suegra, porque esto ya roza lo surrealista.

Mi ex suegra, Mercedes, tiene 52 años y es la madre de mi difunta esposa, Beatriz. Yo me casé bastante joven, con 23 años. Justo antes de la boda, Beatriz se quedó embarazada y nació nuestra hija, Inés.

Apenas dos años después de casarnos, todo se vino abajo: Beatriz cayó gravemente enferma y, en muy poco tiempo, falleció.

Desde entonces me quedé solo con Inés. Decidí mudarme a Valladolid, donde viven mis padres, porque era lo más cómodo: yo trabajaba unas diez horas diarias y ellos podían cuidar de Inés mientras tanto. Y así fue como organizamos la vida durante un tiempo.

Al poco de estar allí, conseguí un ascenso en el trabajo y compré una casita a las afueras, a unos treinta minutos de casa de mis padres. Empezamos a organizarnos para que Inés estuviera o bien con sus abuelos o bien con una niñera que contraté (yo mismo insistí en que mis padres descansaran a veces, no quería sobrecargarles). Y así hemos tirado hasta hoy, que Inés ya tiene ocho años.

Pues bien, Mercedes decidió mudarse también a Valladolid porque quería estar cerca de su nieta. La verdad, fue un cambio muy brusco: venía desde Cádiz, ¡ni más ni menos! y de la noche a la mañana apareció aquí.

Yo, la verdad, lo entendí. Beatriz fue su única hija, e Inés es su única nieta. Al final, no quiere quedarse sola en el sur.

Pero desde que llegó, la cosa se ha vuelto una pesadilla

Mercedes se pasa el día en mi casa, literalmente, y cuando digo el día es todo el santo día, incluida la hora a la que vuelvo del trabajo. Y los fines de semana ni te cuento está desde la mañana hasta la noche, como si fuera una sombra pegada a mi espalda.

Y lo más curioso es que, aunque Inés esté en el colegio, ella sigue allí y me suelta cosas como:

Si no estoy yo, nadie limpia bien la casa. El polvo se acumula y sin una mujer aquí, esto se viene abajo.
Tus plantas están mustias, dentro de poco las tienes que tirar.
Ayer hubo ladrones rondando el barrio, pero aquí no entraron porque estaba yo atenta.
Tranquilo, no voy a tocar el dinero, no te preocupes.

Te juro que tengo la sensación de que ella cree que el espíritu de Beatriz se ha quedado en mi casa y que necesita vigilarlo Varias veces la he pillado hablando sola, como si le contara cosas a alguien invisible.

Hemos tenido nuestras buenas charlas sobre esto y le he dejado claro que me siento invadido, que es increíblemente incómodo. Mercedes se hace la que entiende pero no cambia nada.

Y todo explotó la semana pasada. Mira: llevo ya un año y medio saliendo con una chica, Carmen, y ese fin de semana por fin se daban todas las circunstancias para que viniera a casa. Inés estaba con mis padres y yo, ilusionadísimo, organicé una cena y peliculita en casa.

Pues cuando estábamos en el salón, tan tranquilos, de pronto oí un ruido en el pasillo. Me giro, y aparece la silueta de Mercedes, que ni timbre, ni llamada, ni nada, entra como Pedro por su casa. ¿Otra vez las plantas, o qué?

Lo peor es que la que se puso hecha una furia fue ella, no yo. Empezó a gritarme que era un traidor, que no respetaba la memoria de Beatriz. De verdad, me quedé de piedra ante semejante caradura.

Allí, delante de Carmen, le solté lo que llevaba tiempo tragando, le pedí la llave de casa y le dije que no la quería volver a ver allí:

¡No eres bienvenida en mi casa!

Ahora Mercedes está sola, y tanto mi familia como varios amigos me insisten en que no sea tan duro, que al fin y al cabo es la abuela de Inés Y bueno, supongo que tendré que ceder y dejar que de vez en cuando la niña pase tiempo con ella. Pero mi casa va a ser mi refugio, y ahí ya no entra ni en sueños. Aquí se acaba la historia.

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