Mi nuera se ha enfadado conmigo por el piso y ha empezado a poner a mi hijo en mi contra.

Mi nuera se ha enfadado conmigo por el piso y ahora está logrando que mi hijo se vuelva en mi contra.

Mi hijo cayó en manos de una chica manipuladora que lo maneja a su antojo. Últimamente, ha comenzado a sembrarle dudas sobre mí. Le dice que no me interesa su felicidad, que solo pienso en mí misma. Todo por negarme a intercambiar nuestros pisos.

Mi marido falleció hace algunos años y mi hijo es mi único hijo. Lo crié con todo el amor y los cuidados posibles, le di una buena educación. Antes de casarse, vivió con nosotros. Empezó a trabajar mientras estudiaba en la universidad y, tras graduarse, enseguida encontró un buen empleo.

Mi hijo es mi orgullo. Es un hombre maravilloso y le va bien en su carrera. Mi marido y yo nunca pudimos comprarle un piso, toda la vida hemos sido gente humilde. Compramos nuestro piso para nosotros cuando cumplimos los cuarenta, antes de eso siempre estuvimos de alquiler. Por eso no teníamos recursos para comprarle una vivienda a nuestro hijo. Pero al fin y al cabo, puede conseguir su propio piso. Igual que hicimos nosotros.

Cuando Álvaro me contó que salía con una chica, me llené de alegría. Hice todo lo posible por entablar una buena relación con mi nuera: nunca la he reprendido ni le he dicho una mala palabra. Me daba igual quién fuera la elegida, lo importante para mí era la felicidad de mi hijo con esa chica. Al principio Lucía me cayó realmente bien, era correcta y sencilla. Pero, tras la boda, mostró su verdadera cara.

Después de la luna de miel, Álvaro y Lucía regresaron y ella presentó su dimisión en el trabajo. Decía que los jefes la trataban mal y que quería encontrar un empleo mejor. Pero no hizo más que quedarse en casa. Lleva dos años dependiendo de mi hijo y no tiene intención de ponerse a trabajar.

Viven en el piso de Lucía, que es un pequeño apartamento en las afueras de Madrid. Como ella no trabaja, mi hijo no puede permitirse comprar otra casa, y Lucía gasta lo que él gana en centros de belleza y ropa de las mejores tiendas del centro.

No entiendo cómo en dos años no ha encontrado una sola oportunidad de empleo. Sospecho que miente sobre las entrevistas, que prefiere vivir comodamente a la sombra de Álvaro.

Una vez le pregunté si pensaban tener hijos.
¿Pero qué hijos podríamos tener, si vivimos metidos en este minipiso? respondió Lucía.
¿Por qué no ahorráis para la entrada de un piso nuevo? le sugerí.
¿Ahorrar? Apenas llegamos a fin de mes contestó, encogiéndose de hombros.

Me mordí la lengua para no decirle que si no se quedara todo el día en casa ya habrían reunido algo. Si realmente intentaran conseguir un piso, claro que les ayudaría, porque tengo unos ahorros guardados. Pero ahora no tengo intención de darles dinero, porque sé que mi nuera lo malgastaría en tonterías.

Hace poco, Lucía empezó a insistir en tener un hijo, que el tiempo pasa y que hay que pensar ya en un heredero. Pero, ¿acaso es justo traer a un niño así, en estas condiciones? Y ahora Álvaro empieza a coincidir con ella.

Mamá, mira, Lucía y yo hemos pensado que ¿por qué no haces un intercambio de pisos con nosotros? No hace falta hacer nada legalmente, simplemente cambiamos y ya está. Así no tendríamos que preocuparnos por hipotecas y el piso que te quedarías tú es suficiente para ti.

Aquello me destrozó. Mi hijo nunca habría tenido una idea así por sí solo. Le respondí que sería imposible para mí, que los viejos árboles no se trasplantan.

Si solo te quedan unos años de trabajo Pronto tendrás nietos añadió Lucía con una sonrisa que no me gustó nada.

Rechacé esa “propuesta buena para todos” porque no quiero dejar mi hogar.

Después, Álvaro volvió a sacar el tema algunas veces, cada vez de forma más hiriente. Jamás quiso beneficiarse de nadie, pero ahora su esposa lo lleva por ese camino.

Vámonos, que ya te dije que a tu madre no le importa si tenemos hijos o no. No movería un dedo por nosotros le espetó Lucía la última vez que vinieron de visita.

Desde entonces, mi hijo no me llama, no responde a mis mensajes ni a mis llamadas. No entiendo qué le pasa, y menos por qué se deja arrastrar así cuando ella está presente. Sin Lucía, mi hijo es otro.

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Mi nuera se ha enfadado conmigo por el piso y ha empezado a poner a mi hijo en mi contra.
Una vez, cuando estaba embarazada por segunda vez, llamó a la puerta una chica con un bebé.