Después de su clase de pilates, Elvira volvió a casa apurada porque le había prometido a su marido que iba a preparar una caldereta de pescado. Al entrar en el piso, vio a su marido, Francisco, sentado en la cocina bebiendo vino.
Vaya, Paco, ya te has abierto el vino tú solo ¿No has podido esperarme? Si quieres preparo algo de picar
No, Elvira, siéntate Tenemos que hablar.
Elvira nunca había visto a Francisco con esa cara tan triste y confusa. ¿Pero qué habría pasado?
No sé ni por dónde empezar Mejor te lo suelto tal cual. Mi secretaria, Catalina, está embarazada de mí. Me voy con ella
Parece sacado de un culebrón, Paco ¿Y desde cuándo dura esto?
Casi un año. Nada más entrar, empezó a lanzarme indirectas y yo, pues caí. Es joven, guapa, divertida Me recordaba incluso a ti de joven Me encapriché, como un chaval. Quise decírtelo antes, pero no me atreví; me dabas mucha pena.
Ahora ya no hay vuelta atrás, en nada seremos padres. Siempre he querido tener un hijo propio. Te prometo que a Ignacio le he cogido mucho cariño, es como mío, pero no lleva mi sangre Quiero dejarle el negocio a mi hijo, que continúe la familia. Con Cata me siento más joven, la verdad. No sé, será la crisis de los cuarenta, que dicen
No tengo excusas, Elvira, me he portado mal. Pero que sepas que ni a ti ni a Ignacio os voy a dejar tirados. El piso y el coche os los quedáis, y os ayudaré con dinero, te lo aseguro. Seguiré pagando los estudios de Ignacio, como prometí. Ya he comprado una casa a nombre de Catalina, al final será la madre de mi hijo.
Lo entiendo, Paco, normal que te cueste resistirte a una guapa como Catalina, y tú eres un hombre de verdad Y me alegra que no vayas a dejar al niño tirado, eso te honra. Gracias por el apoyo económico, lo acepto de buen gusto, que quiero empezar a viajar y vivir a mi aire.
¿Cuándo te mudas? ¿Quieres que te ayude a embalar las cosas?
Francisco se quedó mirándola sorprendido. Esa tranquilidad Quizá fuera lo mejor, nada de broncas ni llantos.
Bueno, pues nada, Paco Gracias por todos estos años juntos, he sido feliz contigo, pero la vida nos lleva por distintos caminos Quién sabe, igual hasta me enamoro de otro y soy feliz de nuevo. Anda, ve, que seguro Catalina ya estará nerviosa. Tampoco hace falta que te retenga aquí.
Francisco recogió la maleta deprisa, sonrió nervioso y salió hacia el ascensor.
Elvira cerró la puerta y fue directa a la cocina. Sacó una botella de cava de la nevera, la abrió con mimo, se llenó una copa y la vació de un trago. Su marido la había dejado Qué raro sonaba aquello.
Jamás pensó que le pasaría algo así. Llevaban una vida tranquila todos esos años; no había locura de juventud, pero sí cariño, costumbre y respeto.
Bueno, nada de lamentos. ¡Vida nueva, reglas nuevas! Seguro que no le faltaría qué hacer y, total, el dinero seguía entrando. Lo inteligente era no rechazarlo: a más oportunidades. Lo complicado sería acostumbrarse al nuevo estado de mujer dejada
Y, mira, Elvira acabó dejándose llevar por el torbellino de nuevas experiencias. Se apuntó a clases de sevillanas, iba después del trabajo. Los fines de semana se pasaba por museos, cines y seguía con el deporte. Por suerte, tenía con quién: su vecina Inés, también soltera, la acompañaba encantada en todos lados.
Su hijo Ignacio estudiaba en Salamanca y pasaba poco por Madrid. Así que Elvira hacía solo la comida que le apetecía, sin estar pendiente de nadie. Solo se dedicaba a lo que le gustaba, nadie le ponía pegas. Ni pensaba en buscarse un hombre nuevo; con ella misma le bastaba.
La separación de Paco fue tranquila, sin líos. Solo vio una vez a Catalina en los juzgados, y sí, la tía era guapísima Paco siempre tuvo buen gusto.
Francisco le ingresaba religiosamente la asignación todos los meses, tal y como prometió. Elvira se sentía agradecida con semejante generosidad. Ya sabía que a Francisco le iba bien con su empresa, así que no le costaba ayudarla a ella y a Ignacio. No parecía que Catalina supiera nada de eso, o dudo que lo hubiese permitido.
Pasó un año. Para Elvira no cambió mucho su vida: sevillanas, gimnasio, algún viajecito fuera, y la ayuda de Paco desapareció de repente. Le incomodó preguntar, pero imaginó que sería cosa de Catalina. Cest la vie. Total, podía sobrevivir. Ignacio ya se pagaba la universidad con sus chambas y el sueldo de ella daba para lo necesario.
Día libre, sin prisas. Elvira saboreaba cada momento. Estaba cocinando caldereta de pescado cuando se dio cuenta de que no tenía pan, y a ella le encanta el pan. Bajó a la tienda y, de casualidad, se topó con Francisco.
Hombre, Paco ¿Qué haces tú por aquí?
Hola, Elvira. Vivo ahora cerca Me compré un piso.
Qué cosas ¿Y qué tal Catalina? ¿Y la niña, cómo os va?
Una hija Pero ha sido un lío, imagínate Resulta que Catalina era una enviada de la competencia. Se metió en confianza, y bueno, ya sabes lo que pasó Luego empezó a presionarme para que le pusiera la empresa a su nombre, tenía miedo de que la dejara y no sacara tajada
Al final, acepté. Tras nacer la niña, con la emoción, le puse todo a su nombre. Solo me guardé un dinero en una cuenta que ella no conocía. Total, que me acabó largando. Encima, la niña no era ni mía y la empresa terminó en manos del rival Así me he quedado, mira qué gracia Final de culebrón total.
He comprado un piso, tengo trabajo, no me quejo, pero la vida de antes no la recupero. Y tampoco podré ayudarte ya Lo siento Supongo que no querrás ni verme, te hice mucho daño.
A Elvira hasta le dio lástima. ¡Menuda pieza la Catalina esa! Paco había puesto la vida entera en el negocio
Qué tonto eres, Paco. Anda, sube, que justo tengo caldereta hecha, tu plato favorito
Charlaron en la cocina con el mismo cariño de siempre, como aquellos años, pero ya no eran pareja.
De vez en cuando se llamaban, solo por saber el uno del otro. Nunca se plantearon volver: cada uno tenía ya su vida. En sus clases de sevillanas, Elvira conoció a Luis, se casó y encontró la felicidad.
A la boda invitó a Paco, que fue y hasta se alegró por ella. En la fiesta conoció a la hermana del novio Seis meses después, Elvira y Luis bailaban y brindaban en la boda de Francisco.
La vida, ya lo ves, da muchas vueltas. Nunca hay que rendirse, pase lo que pase. Vive y disfruta cada día, nunca sabes lo que te espera a la vuelta de la esquina.






