¿Por qué tienes que llevar tu propia comida?
La hermana y el hermano de mi marido y sus familias han venido a celebrar cada Navidad con nosotros durante cinco años, ni más ni menos. Yo, como si fuera la mismísima Carmen de cocina, lo he preparado todo: el cordero, el jamón, la tarta, la mesa más bonita de Madrid y, por supuesto, la limpieza de después. Ellos, tan panchos, disfrutando y brindando. Pero el año pasado, mi paciencia se esfumó como el vapor de la olla express y me entró una ansiedad digna de consulta en la Seguridad Social. Me parecía agotador: física, mental y económicamente.
Así que el año pasado me atreví, por fin, a repartir responsabilidades. ¡A ver si así espabilan!
Pero hace poco, mi suegra intentó convencerme de que ya son mayores, que las cosas no están como para tirar cohetes, y que quería otra Navidad juntos en mi casa, “por los viejos tiempos”.
Así que llamé al hermano y a la hermana de mi marido y les dije que mamá quería reunirnos otra vez a todos bajo el mismo techo. De primeras, encantados. Que sí, que hay que hacer caso a mamá, que así sea. Todo eran palmaditas virtuales en la espalda.
Entonces les expliqué el pequeño detalle: este año, todo el mundo trae algo. Hay que repartir los platos, decidir quién cocina qué y quién trae cada cosa.
Yo me encargaría de los platos principales: haría dos guisos calientes y, por supuesto, una tarta. Ya que estamos, que menos.
A ellos les tocaba traer dos ensaladas, pescado, carne, queso, fruta y alguna bebida. Cada uno, que aparezca con algo bajo el brazo, ya ves tú.
En cuanto recibieron la lista, a la alegría se la tragó la tierra. Que si no tengo tiempo para cocinar, que si trabajo todo el día, que si menuda paliza tener que comprar y encima cocinar. Además, alegaron que no veían sentido en cargar con la comida. Ahora preferían celebrar la Navidad en sus respectivas casas.
Les pregunté entonces: ¿y mamá qué? ¿La vamos a dejar plantada? Y va, que me dicen Que ya le llamarán para felicitarla por teléfono y tan contentos.
Así que, tan dispuesto todo el mundo a celebrar pero nada de compartir gastos ni trabajo. Y yo, que aún no me atrevo a dar la noticia a mi suegra. Ni idea de cómo decírselo: se va a llevar un disgusto de los de portada del Hola.
¿Vosotros qué haríais? ¿Vuelvo a organizar la Navidad yo sola como siempre, total, qué más da?






