Llevé a mi cuñada y a su hijo de vacaciones y me arrepentí mil veces: nuestra escapada de camping en la costa española acabó siendo un auténtico desafío por su culpa

Cogí a mi cuñada y a su hijo para ir de vacaciones. Lo he lamentado mil veces.

Mi marido y yo decidimos escaparnos unos días a la playa. Desde hace varios años, solemos ir a la costa con un grupo de amigos, cada uno en su propio coche, buscando algún rincón del Mediterráneo para montar nuestras tiendas de campaña. Nos sentimos reinas de la improvisación. Durante el día, nos refrescamos en el mar, nos tumbamos al sol, y cuando cae la tarde nos reunimos alrededor de una guitarra y una hoguera, bebiendo un buen vino de la tierra. Este año, se nos unió mi cuñada Almudena, acompañada de su hijo de dos años y medio. Dudamos si era buena idea traerlos o no.

Por desgracia, terminamos cediendo. Mirando en retrospectiva, el niño no fue el problema, sino Almudena. Las complicaciones empezaron desde el viaje. Almudena exigía parar cada hora. Siempre estaba cansada, necesitaba estirarse. Así que llegamos muy tarde, mientras nuestros amigos ya estaban instalados e incluso habían aprovechado para darse un baño. Por fin llegamos. Y ahí empezó el verdadero calvario. Mi cuñada se plantó furiosa:

¡Yo aquí no pienso dormir!

¿Por qué? Te avisamos de que era un viaje de acampada.
Pensé que eso significaba que buscaríamos alojamiento al llegar, no que dormiríamos en una tienda.
¿Por qué crees que cargamos con los sacos de dormir y las tiendas? refunfuñó mi marido.
Yo qué sé, pensé que era lo normal…

Tuvimos que alquilarle una habitación en una pensión. Y luego a mi marido le tocaba llevarla y traerla cada día, pasearla por las terrazas y los mercados, y quedarse con el niño mientras ella se tomaba un respiro de no sé qué supuesto esfuerzo.

Por otro lado, todos nos ocupábamos del pequeño. Y el niño, para ser sinceros, era facilísimo: obediente, correteaba por la arena, chapoteaba en el agua, comía de todo y se echaba la siesta en la tienda sin rechistar. Justo lo contrario que su madre. El año que viene, cien por cien seguro, Almudena no vendrá con nosotros. Pero, si sus padres nos lo piden, el niño puede repetir. Para él, la vida de camping es perfecta.

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