Tengo 23 años y empiezo de cero: estudié Ingeniería Ambiental porque mi padre lo quiso, pero siempre…

Tengo 23 años y estoy empezando de nuevo. Estudié ingeniería ambiental porque mi padre lo quiso así. Cuando terminé el instituto, lo que yo de verdad deseaba era estudiar diseño de moda. Desde niña dibujo, arreglaba mi propia ropa, cosía a mano. Pero en mi casa eso no era una opción. Recuerdo una noche, durante la cena, mi padre fue tajante:
Eso no es una carrera seria. Necesitas algo que te garantice un trabajo.
Entré en ingeniería ambiental con esa frase resonando en mi cabeza. El primer semestre fue un infierno. No entendía nada y sentía que no encajaba. Cada vez que me planteaba abandonar y cambiar de dirección, mi padre insistía:
Ya has empezado. Ahora, a terminar.
Luego haz lo que quieras, pero primero gradúate.
Y yo seguía adelante, por miedo a decepcionarle, porque dependía económicamente de mis padres y no tenía medios para costearme otra carrera.
Pasaron los años. Hice mis prácticas, redacté el trabajo de fin de grado, conseguí acabar. El día de la graduación, mi padre estaba orgullosísimo. Se hacía fotos, abrazaba a todos. Yo sonreía, pero por dentro sentía un vacío. Hace apenas unos meses empecé a trabajar en lo mío. Es un buen trabajo, pero no siento que pertenezca a ese mundo.
En cambio, al llegar a casa, me quitaba el uniforme y me ponía a dibujar. Pasaba horas mirando telas, haciendo bocetos, revisando colecciones. Empecé a transformar ropa vieja, a coser a amigas, a hacer arreglos. Una noche, mi madre me dijo:
No eres feliz allí.
No le respondí, pero en el fondo sabía que tenía razón.
La discusión con mi padre llegó cuando le dije que quería estudiar diseño de moda. Se enfadó muchísimo:
¿Después de todo lo que he invertido?
¿Vas a dejar tu profesión?
Eso es un capricho.
Le aseguré que no dejaría de trabajar y que no le pediría dinero. La conversación fue tensa. Durante semanas apenas hablamos con normalidad.
Aun así, me matriculé. Organicé mis horarios, compré los materiales, adapté mi día a día. Encontré un trabajo a media jornada. Ahora trabajo por las mañanas, estudio por las tardes y noches. Hay días en los que vuelvo a casa agotada, con dolor de espalda, y aun así me quedo cosiendo hasta tarde. Hay semanas en las que el dinero apenas alcanza y tengo que vigilar cada gasto.
En la universidad soy la que empezó tarde. La que ya tiene una carrera. La que vuelve a ser principiante. Pero por primera vez no me da vergüenza. Hago algo que de verdad me importa. Puedo quedarme horas en el taller y ni siquiera me doy cuenta de cómo pasa el tiempo. Me despierto con otra energía.
Mi padre todavía no lo acepta. A veces me dice que espera que no esté cometiendo un error. Ya no discuto. Simplemente sigo adelante.
No sé si este camino será perfecto o si todo será fácil pero decidme, ¿vosotros creéis que he hecho lo correcto?

He aprendido que escuchar a tu corazón, aunque a veces duela y te enfrentes a la incomprensión, es el único modo de encontrar tu lugar en el mundo. Mejor equivocarse buscando tu felicidad que pasar la vida viviendo los sueños de otros.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

three − 2 =

Tengo 23 años y empiezo de cero: estudié Ingeniería Ambiental porque mi padre lo quiso, pero siempre…
¿De verdad no te das cuenta? ¡Esa no es tu hija, abre los ojos!