Mi nuera no para de dar a luz y dar a luz. Siento pena por mis nietos. Ahora os explico por qué.

Diario personal, 18 de marzo

A veces me parece que mi nuera no hace más que traer niños al mundo, uno tras otro. Y sinceramente, me preocupan mucho mis nietos. Necesito desahogarme y explicar el porqué de estas inquietudes.

Mi hijo se casó con 33 años. Hoy en día nadie se extraña, pero en nuestra generación eso era tardísimo. La boda se precipitó cuando su novia se quedó embarazada. Todos estábamos ilusionados, la alegría inundó la casa: era nuestra primera nieta, una niña preciosa. Estábamos tan felices Repito, tan felices. No puedo decir nada malo de mi nuera, al contrario: es una anfitriona impecable, mantiene el piso limpio como una patena, joven, simpática, y además sabe tejer de maravilla, algo que nunca se me ha dado bien. En resumen, una chica amable y equilibrada. Mientras mi hijo esté contento, poco más puedo pedirle a la vida.

Cuando mi nieta cumplió tres años dieron la noticia de otro embarazo. Llegó el segundo, un niño. A raíz de eso empezaron a reformar la casa que heredamos de mi abuela, y de nuevo, fue una alegría. Pero en menos de tres años, la nuera anunció otro embarazo, el tercero. Y tan solo dos años después, otra vez, esperaba el cuarto.

Mi hijo mantiene la familia principalmente con su sueldo, que son sólo unos modestos euros de conductor. Es muy apañado, arregla la casa él solo, lleva las obras adelante, busca encargos para sacar un poco más de dinero. Pero francamente, ¿para qué traer otro niño más al mundo si casi no puede estar en casa y todo el día está buscando faena extra?

Antes de las Navidades, mi nuera me entregó una lista interminable de cosas necesarias para los niños. ¿Pensáis que ponía caramelos y juguetes? Pues nada de eso. Solo había artículos necesarios: aceite de masaje, calcetines, leotardos, ropa interior, cosas que ni aparecen en los catálogos de ofertas.

Pregunté a mi hijo dónde pensaban tener al cuarto. Evitó contestar, cambió de tema.

Me consuela haber criado un hijo responsable, trabajador, que siempre busca una solución y no rehúye ninguna tarea. Pero su mujer está a punto de cumplir 35 años y jamás ha tenido un empleo ni cotizado en la vida. No me sorprendería que trajera un quinto cuando llegue a los 40. Sin embargo, yo no seré eterna y temo que llegue el día en que la salud o los años me impidan ayudarles como hasta ahora. Además, la madre de mi nuera falleció; fuera de mí, no les queda más ayuda. Eso sí, al menos han terminado por fin la reforma y por lo menos viven juntos bajo un techo digno. Pero siguen siendo cuatro niños, sin casa propia, aún no es ningún hogar estable.

No me pude contener y le pregunté directamente: ¿Y cuando se acabe toda la ayuda, qué haréis? ¿Dónde buscarás trabajo cuando llegues con 40 años y sin experiencia?. Me respondió que las cosas se irán resolviendo. ¿Y si, por desgracia, algún día le pasa algo a mi hijo? ¿Qué hago entonces? ¿Cómo podría sacar adelante yo sola a tantos nietos?

Y para colmo, mi otro hijo me echa en cara que casi no comparto momentos con su hijo, porque toda mi energía y mi tiempo se los doy a la familia del mayor. No sé, a veces siento que me desbordo y que no llego a todo. No sé hasta cuándo podré resistir este ritmo.

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Me duele. Siento un dolor inmenso. Todo cambió tan deprisa… estábamos listos para dar la bienvenid…