A la tía Inés se le ha roto la vajilla. Para siempre.
La vajilla de boda para doce personas.
Adiós, dorados ribetes y sellos de Hecho en Alemania en la base de cada pieza el tío Mateo se ha caído desde el altillo junto con la caja.
Ay, la tía Inés hasta muestra algo de curiosidad.
¡Si era de porcelana!
Como si la porcelana no se rompiera. Luego entiende la tragedia, yace en el sillón:
«Nicolás, las pastillas de la tensión, por favor», llama a todo el mundo, incluso a mí, aunque sea llamada de larga distancia, y llora su juventud, hecha mil añicos:
Nos la regalaron los padres de Mateo hace veinte años. Ni la tocamos nunca, la reservábamos para una ocasión especial, para las bodas de porcelana, madre mía.
¿Y ahora? Papá ya no está, Mateo se ha hecho un esguince, yo la tensión disparada.
Y fíjate, nadie jamás llegó a usar esos platos.
Menudos tontos.
Me quedo pensativa.
¿Por qué guardamos vajillas, joyas y grandes emociones para un gran día?
¿Para qué reservamos las velas aromáticas para una noche especial, escondemos los pendientes de brillantes en la cajita de siempre, reñimos al niño al querer coger antes de tiempo un trozo de chorizo y dejamos las palabras cariñosas para el Día de San Valentín?
¿En qué es peor este momento, este día, que cualquier otro esperado?
¿De verdad ya habrá tiempo?
Casi todas las llamadas que salieron de las Torres Gemelas en Nueva York eran para decir te quiero.
La gente telefoneaba, dejaba mensajes en los contestadores.
Te. Quiero. resultó que era lo más importante que había que lograr decir en esta vida.
La realidad, si creemos a la enciclopedia, es todo aquello que existe de verdad, ese fugaz instante entre el pasado y el futuro.
No hace falta dejar en la reserva, ocultar en el altillo, guardar para el algún día aquello que aquí y ahora puede darnos placer, alegría o una sonrisa.
El mañana no está asegurado. Solo existe el hoy, tan especial como el treinta y uno de diciembre o ese ocho de marzo cualquiera.
Así que, vamos rápido. Reconciliarse. Contemplar el Atlántico. Jugar con el hijo, abrazar a la hija, regalar a mamá otro frasco de Chanel Nº 5 para que lo disfrute cada día, no solo en fiestas.
Hay que darse prisa. Leer. Probar sopa de erizo de mar o saltamontes al horno. Ver la película que tanto nos gusta y olvidarnos de los platos en la pila.
Comprar a la tía Inés una nueva vajilla y preparar una cena fabulosa.
No tardes en decir que amas antes de que aparezcan los créditos finales.
En casa de la tía Raquel se rompió el juego de vajilla para doce personas. Para siempre. Adiós a l…







