¡Andrés Vital, por favor! ¡Se lo ruego! ¡Ayúdeme! – La mujer se arrojó a los pies del alto hombre ve…

¡Don Alfonso, por favor, se lo ruego! ¡Ayúdeme!exclamó una mujer, arrodillándose ante el alto médico de bata blanca y rompiendo a llorar desconsolada. Más allá, detrás de la hilera de viejos consultorios y del aroma penetrante a medicamentos en la sala de admisión del hospital rural, su hijo se moría.

¡Compréndalo usted también, no puedo! ¡No puedo! Por eso mismo me vine aquí, ¡llevo dos años sin operar! La mano y las condiciones

¡Por favor, se lo suplico!la mujer insistía, tibia y obstinada, aferrándose al médico que se negaba a acompañarla.

Él debía aceptar. Debía intentarlo. Porque si no

Unos pasos más y llegó a la puerta de madera pintada de blanco. Allí estaba su niño, Mateo, único y amado, enredado en cables, la máscara de oxígeno cubriendo las pocas pecas pálidas de su carita. Aún respiraba. Y la sangre, manando bajo el vendaje de la cabeza, densa, oscura como la mermelada de guindas del año pasado; la línea verde del monitor temblaba al ritmo de esos suspiros irregulares.

No llegarían a tiempo. Madrid quedaba a cien kilómetros, y el helicóptero pero la tormenta afuera había sepultado la última esperanza. La tensión bajaba. El corazón apenas latía. Los camilleros desviaban la mirada.

¡González!le llamó la enfermera mayor, nerviosa junto a la camilla del niño pálido,¡Don Alfonso!

Sacó del bolsillo un recorte del diario: el rostro serio del médico en bata blanca, rodeado de chiquillos sonrientes como bandadas de gorriones. Entre lágrimas, leía palabras desordenadas sobre un accidente y una mano herida, una cirugía malograda. Pero hablaban del gran especialista en neurocirugía, ¡el médico de Dios! En aquel rincón perdido de Castilla ¡Dios mío, que diga que sí!

¡No puedo cargar con esa responsabilidad! ¡Escúchelo bien! La última vez la muñeca No lo conseguí. No opero más, no puedo, no puedoluchaba el médico, empeñado en negarse.

Pero el niño, cada vez más blanco. Y la sangre más espesa. A la puerta, colegas en silencio, con los que en un año no hizo amistad. Y la madre llorando. Y el tiempo, rebelándose contra todos. Y un perro

¿Un perro?

¿Qué hace aquí ese perro?

Solo respondía un gemido. Un labrador, tirando de la correa hacia la camilla. Sus uñas arañaban el suelo, un celador intentaba contenerlo, pero él insistía. Y no quitaba los ojos de Mateo. Ya no aullaba, jadeaba. Pero seguía intentando acercarse.

Es Fiel. El perro de Mateo,sollozaba la mujer, olvidando cómo respirar, cuando el silencio opresivo de la sala fue rasgado por las palabras del doctor:

Preparen el quirófano.

Cerró los ojos un instante. La memoria se llenó de otro perro, Chispa. Y su padre, aún vivo. Alfonso no era don, era simplemente Alfonsete, quizá en primero de la ESO. Carretera helada de Nochevieja. Coche estrellado como bola caída del árbol. La madre lloraba. El médico no era capaz de sostenerle la mirada. Era una operación difícil y el doctor carecía de experiencia. El hospital grande, lejos

Y Chispa ya no aullaba en la tumba, solo jadeaba. Llevaba días sin comer. Miraba. Y, al poco tiempo, también se fue. Se apagó, acompañando a su dueño.

Seré médico, mamá. Se lo prometí a Chispasusurraba el chaval despeinado junto a la tierra,El mejor. ¿Me crees?

¿Cómo pudo olvidarlo? ¿Por qué?

*****

Las lámparas del quirófano brillan como soles. Los instrumentos centellean. Y la muñeca le retuerce el nervio. Aguanta. ¿Tendría que tener un perro?, le cruza por la cabeza semejante tontería. Los dedos, casi de madera. No importa, podrá con ello. Un mal traumatismo, complejo. Presión baja, cuidado con el edema Hay que recomponer el hueso temporal por fragmentos, coser vasos

Ni en helicóptero lo habrían logrado. Los asistentes locales le miran con ojos de asombro. Para ellos, es un milagro. ¿Para él? ¿Cuántas operaciones así ha hecho antes? ¿Cómo pudo perderse tan solo por un fracaso? Se alejó a este rincón. Rompió todos los lazos. Y la mano sigue doliendo. Chispa parece asomar en un rincón. Mirada anciana, apenada. O quizás es ese labrador, fiel hasta el final

El bisturí parece pesado. Clips quirúrgicos. Los dedos casi entumecidos. Aguanta, falta poco. Respira, Mateo, respira, lo esencial. No te rindas. No te vamos a soltar.

El tiempo. Ahora, por fin, juega a favor de Mateo. ¿Se oye el helicóptero? ¿Alcanzaron a llegar?

*****

Don Alfonso, le buscaninterrumpió la enfermera de guardia desde la puerta de su despacho, y no pudo evitar sonreír.

Todos sonríen. Cómo no, si el doctor González ha vuelto. No se habla de otra cosa en el hospital. De todas partes llegan niños difíciles. Ya no hay miedo. Manos de oro, dicen de él. Su risa resuena por las salas de neurocirugía. Los pequeños mejoran. Los padres casi no se despegan de su bata

Cinco minutos sólo. Voy a ver a Macario.

La habitación de Macario, seis años, quedaba cerca del despacho. Qué chiquillo tan gracioso, pelirrojo, llamándole tío Alfonso. Una semana atrás vino de excursión a Madrid. Se cayó desde un segundo piso: se despistó. Igual que aquel Mateo del pueblo. Cabeza recompuesta fragmento a fragmento durante ocho horas de operación. Lo consiguió, la mano ya casi no molesta. ¿Será la risa de los niños el remedio?

Qué bien haber regresado. Era lo correcto. Hubiera debido antes, pero quizá no halló el estímulo. Olvidó muchas cosas. Y la vida siempre te hace recordar. Solo le falta el perro, que nunca llegó a tener. ¿Cómo estarán Mateo y su labrador? Los recuerda a menudo.

¡Don Alfonso, querido!

Vaya, ni tiempo de abrir la puerta. ¡Qué puntería!

Buen día, Mateo, Elvira,sonríe,Y tú también, Fiel.

Ya su mano acaricia el suave lomo, y el hocico húmedo presiona en su palma. Ojos tan atentos como café recién molido.

¿Qué os trae por aquí? ¿Mateo está bien? ¿Han venido a revisión?

Mateo está fenomenal,Elvira se acelera,¡todo bien! Es por otra cosa.

Don Alfonso nota por primera vez la dulce luminosidad de su sonrisa. El abrigo de ella abultado, ojos chispeantes. No se atreve a preguntar. Fiel da vueltas, le distrae.

¡Mire!

Mateo, ya crecido, rompe el silencio. Busca algo en el bolsillo de su madre y le tiende a Alfonso un bulto negro: gime bajito, y tiene unas orejas inmensas.

Ehcasi no le salen las palabras, se regaña mentalmente mientras examina el inesperado regalo.

¡No se enfade!dice Mateo atropellado,Fiel lo encontró. Mamá nos dejó quedárnoslo. Y ayer, en la tele, vimos su entrevista. Fiel fue y arrastró al cachorro hasta el televisor en cuanto oyó su voz. Así que pensamos que

Habéis hecho bien,guiñó el ojo al perro sonriente,A este le llamaré Estímulo. Pero en casa, Timón.

Hoy cuento con el mejor estímulo de todos: saber que uno, aunque olvide, nunca debe rendirse. Porque siempre hay una razón para recordar por qué elegimos ser quienes somos.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

1 × 1 =

¡Andrés Vital, por favor! ¡Se lo ruego! ¡Ayúdeme! – La mujer se arrojó a los pies del alto hombre ve…
Cómo logré reconciliarme con mis padres y recuperar mi herencia