Examen para adultos
Lucía, ¿por qué no vienes con nosotros a celebrar el fin del proyecto? pregunta sonriente Julián, mientras le guiña un ojo.
Porque, querido amigo, esta tarde tengo una cita dice Lucía, con un atisbo de rubor.
¡Vaya sorpresa! Julián se queda realmente sorprendido. Hace cinco años que conoce a Lucía: siempre la ha visto como una madre soltera que parecía no buscar pareja Qué raro, aunque quizá sí lo haya hecho y él nunca lo notó. Bueno, no te retenemos, entonces, que te vaya genial dice girándose al resto del equipo. ¿Vamos?
Sí.
¡Venga!
¡Por supuesto! resuena la respuesta mientras todos se ponen rumbo al bar.
Julián camina junto a sus compañeros con una sonrisa, aunque en el fondo siente un pequeño pinchazo de celos. ¿Celos? Si entre Lucía y él nunca ha habido nada, solo una relación de respeto, compañerismo y cierta amistad.
Qué extraño todo esto, piensa mientras intenta convencerse de que no debería sentirse así.
* * *
Ese día regresa a casa mucho más tarde de lo habitual. Apenas entra por la puerta, sus hijos corren hacia él gritando: ¡Papá, papá! Poco después, aparece Clara, su mujer.
¡Juli, por fin!
Le abraza y le da un beso.
Hoy hemos estado en el parque. Hemos construido un castillo genial. Tú siempre estás fuera dice Clara bromeando.
Alguien tiene que ganar euros gruñe Julián. Y además, tengo derecho a quedarme en la oficina si lo necesito.
Claro, cariño asiente ella.
Y no me hagas interrogatorios, anda añade él, aún molesto.
Si alguien le preguntara por qué responde así, no sabría explicarlo. Ni él mismo lo sabe.
¿Te ha picado alguien, Juli? insiste Clara con una sonrisa.
Y de repente, Julián se da cuenta de por qué actúa así. Quiere borrar la sonrisa de su mujer; que ella se sienta igual de mal que él ahora.
No, solo estoy cansado. Calienta la cena responde intentando sonar normal y, mientras Clara se va a la cocina, se sienta en el banco del recibidor y se lleva las manos a la cabeza.
¿Qué demonios estoy haciendo?, piensa asustado.
* * *
Varios días después, Julián logra olvidar el asunto. Piensa que solo le molestó que Lucía no quisiera celebrar con el equipo el éxito del proyecto. Ahora tienen uno nuevo y se vuelca por completo en él.
* * *
Lucía, creo que hoy tendrás que quedarte un poco más le dice un día . Necesito esos cálculos.
Lo siento, Julián, voy a ver a mi madre hoy niega Lucía. Es importante para mí. Mañana vengo antes y lo preparo todo.
De acuerdo asiente Julián. No hay problema.
En realidad le sienta mal. ¡Pero si tienen un proyecto entre manos! ¿Qué puede ser más importante que esto?
¿Está tu madre enferma? pregunta con cierta incredulidad.
Sí, algo así Lucía baja la vista.
Entiendo concede Julián. Algo así le parece una razón suficiente.
Pero después se entera por compañeros de que su madre está perfectamente. Que Lucía simplemente se ha inventado una excusa para irse antes.
¿Que no va con la madre? pregunta sorprendido.
Sí va, pero no sola, va con su pareja le dice Carmen. Se acerca a la ventana y llama a Julián. Mira…
Julián se acerca. Desde allí ve cómo Lucía sale del edificio y un hombre joven la espera afuera; se cogen de la mano y van juntos al coche. Se marchan.
En ese momento, Julián siente otra vez celos; ya no es un pinchazo, es algo que le desborda.
Dios mío. ¡Es cierto! ¡Ha encontrado a alguien! resuena en su cabeza.
Bueno, pues nada intenta sonar indiferente. Salimos a las seis, quien quiera irse que se vaya en punto.
Luego se sienta a trabajar, pero no logra concentrarse en nada.
* * *
Con el paso de los días, Julián se pone cada vez más nervioso. No entiende por qué le afecta tanto. Todo empezó como un cosquilleo: cada vez que oía la voz de Lucía o leía un mensaje suyo, su corazón latía más rápido. Como cuando empezó a salir con Clara.
¿Me estaré enamorando? se pregunta. La idea casi le da risa y miedo al mismo tiempo. Intenta ignorar ese sentimiento, no puede permitirse pensar en ello. Acaba de cumplir cuarenta; tiene familia. Quiere a su mujer Bueno, ahora ya no tanto. La respeta, le debe mucho, le agradece todo lo que comparten. Pero el amor ese amor de locura, ardiente, imperfecto y hermoso, ya ha pasado. Quizá como acaba pasando en todos los matrimonios
La inquietud crece más. Descubre que, cuando Lucía entra, él se le pone recto casi sin pensarlo, esperando que le mire primero. Inicia conversaciones para oír su opinión. Al acabar, revuelve una y otra vez los detalles en su cabeza, buscando significados en cada palabra, cada mirada.
Un día, le asalta una pregunta:
¿Y si la hubiese conocido antes, antes de tener hijos?
Esto le golpea como una descarga eléctrica.
Sí. Se habría ido. Poco a poco, buscando un motivo, una excusa, cualquier justificación… Habría dejado todo: casa, rutina, por el simple hecho de tener la oportunidad de estar con ella.
Le aplasta la culpa. Cuando ve la foto de familia en la mesa Clara y los niños sonrientes en la playa, todo parece encajar. Él también sonríe. Todo está bien. ¿Por qué siente que vive la vida de otro?
No lo entiende. ¿Por qué ahora? ¿Por qué Lucía? Si llevan años trabajando juntos y jamás sintió nada parecido. ¿Por qué no puede dejar de pensar en ella?
Siente cómo se tambalea todo su mundo, sus principios y certezas. No quiere traicionar, no quiere perder a nadie, pero tampoco puede reprimir lo que siente.
* * *
Una mañana se despierta temprano, la habitación aún está en penumbra. Julián mira al techo, Lucía atraviesa su mente constantemente, como una astilla clavada. Recuerda el día anterior: se fue de nuevo antes con su novio, y él revivió ese desgarro interno.
Me estoy perdiendo piensa . Si no paro, lo perderé todo: me volveré frío, distante, ajeno para mis hijos, para Clara, y para mí mismo. Me odiaré y, cuando lo note, será tarde.
Se levanta, se viste y va a la cocina. Se prepara un café, apoya los codos en la ventana y mira la calle: vacía, gris, solitaria. Entonces, toma una decisión.
* * *
¿Cómo que te vas a otro departamento? le rodean sus compañeros, incluida Lucía.
Ha surgido un problema en otro área y voy a intentar solucionarlo responde.
Pero será solo temporal, ¿verdad?
Claro, temporal miente, aunque sabe que, a veces, nada hay más definitivo que lo temporal.
Al principio pensó en dejar la empresa, pero recapacitó: tiene buen trato, sueldo decente y muchas perspectivas. Así que pidió el traslado, aunque solo sean un par de meses. Sabía que así podría romper esa rutina en la que cada vista o palabra de Lucía le hacía vibrar.
No quería ser ese héroe trágico que lo arriesga todo por un arrebato. No quería justificarlo diciendo, solo soy humano. Sabía que el dolor pasaría con el tiempo.
Aquella noche le dice a Clara:
Quiero pasar más tiempo contigo y con los niños. No quiero pasarme la vida en el trabajo.
Clara se sorprende.
¿En serio?
Sí. Siento que me estoy perdiendo momentos importantes contigo y con ellos.
Ella solamente sonríe; su sonrisa le resulta tan familiar que le oprime el corazón.
Empieza a llevar a los niños al parque, a recogerlos del colegio, a implicarse en actividades que antes rehuía. Habla más con Clara, ya no solo sobre obligaciones, sino sobre él y lo que siente. Se interesa de verdad por su vida.
A veces se pregunta: ¿Por qué no hice esto antes? ¿Por qué lo veía como una carga, en vez de una oportunidad de conocerla mejor?
No deja de pensar en Lucía, esos pensamientos no desaparecen, pero ya son menos. De vez en cuando la ve en la oficina y siente solo un pequeño eco, no dolor ni celos, solo el recordatorio de lo que podría haber sido, y se siente agradecido de haber escogido lo que tiene.
* * *
¡Juli! ¡Julián!
En pleno centro comercial, camino de la juguetería, oye que le llaman. Se da la vuelta: es Lucía.
¡Juli! ¿Dónde te habías metido? Todo el departamento espera tu regreso. ¡Un año llevamos sin verte!
Julián sonríe. Siente alegría al verla, pero nada más.
Hola Lucía. Me alegro mucho de verte.
¿Cómo estás? pregunta ella.
Bien No, mejor, realmente bien y nota, sorprendido, que es cierto.
¿No piensas volver? Eras el mejor jefe.
Necesitaba cambiar responde escuetamente. ¿Y tú?
Yo sonríe . Me he casado. Es un hombre de verdad, fiable. Mi hija le adora.
Julián asiente. No siente celos, solo una extraña sorpresa, como al reencontrar a una vieja amiga que tras años fuera ha cambiado completamente.
Me alegro mucho por ti le responde con sinceridad.
Conversan unos minutos sobre la empresa y conocidos en común. Ninguno propone seguir la charla en un café. Ambos saben que es el final. O tal vez el principio de algo nuevo, pero no entre ellos.
Cuando se despiden, Julián sigue su camino. Compra un regalo, sale, monta en el coche y entonces lo nota: no siente nada por Lucía. Ni dolor, ni inquietud, ni el deseo de cambiar nada.
Mira hacia delante. El semáforo, la gente cruzando, los niños de la mano, y por primera vez en años, siente que está justo donde debe estar.
No en una vida perfecta ni en un cuento romántico, sino en la suya. Real, con sus complicaciones, pero propia.
* * *
Lucía y Clara coinciden junto a las cintas de correr del gimnasio. Hace tiempo que van al mismo club y comparten clase a menudo.
¿Qué tal fue vuestro encuentro? pregunta Clara.
Lucía se encoge de hombros.
Nada especial. Me deseó felicidad así que has ganado tú. Tu marido es maravilloso le dice, con sinceridad.
Siempre lo he sabido responde Clara, mirándola con una sonrisa cómplice.






