Hoy me dieron un día libre en el trabajo, y ni le conté a mi marido. Me fui directa a casa de mi madre, sin niños, sin marido, sin nada.
Cuando recibí el correo de recursos humanos diciendo que tenía el día libre, sentí una alegría casi traviesa, como cuando haces algo que sabes que debería estar prohibido. Un día solo para mí. Miré a mi marido, que roncaba tan tranquilo, y no pude evitar sentir ese pequeño placer culpable que no solemos admitir las madres: alegría pura.
A las siete de la mañana ya estaba lista, aparentando que era un lunes cualquiera.
¿Ya te vas, cariño? me murmuró medio dormido.
Sí, tengo una reunión temprano mentí, tan pancha.
Salí de casa casi como si estuviera fugándome. Miré por el retrovisor del coche, temiendo que mi conciencia me pillara de improvisto. Y puse rumbo a mi refugio secreto: el piso de mi madre.
¡Hija, pero tú qué haces aquí! me dijo en bata, abriendo la puerta sorprendida.
Shhh he escapado. Nadie lo sabe le susurré, casi como si fuéramos cómplices.
Me recibió con una sonrisa enorme y me hizo pasar. Todo olía a café recién hecho y magdalenas calientes.
Eres una trasto se rió mientras me servía el desayuno.
Pasamos la mañana como antiguamente. Desayuno sin interrupciones. Cotilleos sin filtros. El café, por fin, se podía tomar caliente. CALIENTE. Sin tener que meterlo cinco veces al micro porque alguno pide algo.
Esto es mejor que cualquier spa suspiré, acurrucada en el sofá.
¿No tienes remordimientos? me preguntó mi madre.
Ninguno. Ellos están bien. Y yo necesitaba esto.
A las dos de la tarde sonó el móvil. Era mi marido.
Ya me voy mentí con un aplomo digno de medalla, mientras mi madre se tapaba la boca para no reírse. Sí, sí la reunión, súper productiva.
Volví por la tarde a casa y me sentía otra. Mi marido tenía una pinta de estar agotado, y el salón parecía que había pasado una batalla de romanos y cartagineses.
¿Qué tal tu día? me preguntó inocente.
Lo de siempre le respondí, intentando disimular mi sonrisa cómplice.
Ese mismo noche, cuando todos dormían, me llegó un mensaje de mi madre:
¿Mismo plan la semana que viene a la misma hora?
¿Seré mala persona por necesitar un día de madre infiel, o simplemente estoy ejerciendo mi derecho a sobrevivir y no perder la cabeza?






