La Intrusa Julia Sánchez nació y creció en una pequeña ciudad de Castilla. Su padre, Genaro, falle…

Sobra

Carmen Gallego nació y creció en un pequeño pueblo de Castilla. Su padre, Lorenzo, murió siendo muy joven, a causa de un accidente en un aserradero donde trabajaba. Carmen por aquel entonces cursaba segundo de primaria Estaba muy unida a su padre y su pérdida fue un trauma enorme para ella.

Su madre, Victoria, sufrió mucho durante los primeros meses tras la muerte de Lorenzo. Pero pasado un año, volvió a casarse con su antiguo compañero de colegio, Ramón, quien, según se supo después, había estado siempre enamorado de ella, aunque jamás se atrevió a confesarlo al ver que sus sentimientos no eran correspondidos.

Cuando Lorenzo faltó, Ramón no se separó de Victoria: la apoyó en todo lo que pudo, estuvo pendiente de ella en ese tiempo tan difícil y logró que se convirtiera en su esposa No se puede decir que Victoria llegara a amar profundamente a Ramón; más bien sentía simpatía y gratitud por su apoyo. Además, comprendía perfectamente que criar a una hija sola no sería nada fácil. Amigas y familiares, una y otra vez, le repetían que no debía desaprovechar la oportunidad de tener a su lado a un hombre así: trabajador, abstemio y, sobre todo, enamorado de ella desde la adolescencia.

Como sigas poniéndole sólo en la lista de amigos, lo vas a perder le decía su mejor amiga, Inés. Luego te arrepentirás cuando se enamore de otra y se case y tú sigues sola. Además, no creas que hay tantos dispuestos a casarse con una mujer con una niña Hay muchas jóvenes sin hijos, y este Ramón es tuyo desde siempre. No lo pienses más y aprovéchalo.

Así fue como Victoria decidió dar el paso y aceptar la propuesta de matrimonio de Ramón Al fin y al cabo, hubiera sido una tontería descartarlo.

La relación de Carmen con su padrastro nunca fue demasiado buena. No es que Ramón la tratase mal, al contrario, incluso mostraba interés por ella y trataba de incluirla en su vida. Pero Carmen estaba demasiado apegada a la figura de su padre, y no veía con buenos ojos la rapidez con la que su madre había rehecho su vida. Para Carmen, aceptar al nuevo marido de su madre era como traicionar el recuerdo de Lorenzo.

No discutía abiertamente con Ramón, pero toleraba su presencia en la casa con resignación y él, por supuesto, notaba la frialdad con la que le trataba su hijastra.

Carmen estaba en sexto de primaria cuando nació su medio hermano, Tomás. Desde ese momento, toda la atención de Victoria y Ramón se volcó en el niño. Era el primer hijo de Ramón, y además, un varón, justo lo que siempre había deseado.

Victoria estaba feliz también, llamaba al pequeño su angelito y le colmaba de cariño y ternura.

Carmen empezó a sentirse desplazada. A veces pensaba que su madre ya no la quería, ahora que tenía un nuevo marido, un nuevo hijo, una nueva vida Y ella, Carmen, era el último vestigio de la vieja vida de su madre, un recordatorio constante de Lorenzo. De hecho, Carmen se parecía muchísimo a él, tanto en el carácter como en el aspecto físico Además, su madre había cambiado de apellido al casarse de nuevo. Ahora todos en la familia eran Gómez, como Ramón insistió, aunque Victoria había querido seguir siendo Gallego Los tres: Ramón, Victoria y Tomás, eran Gómez. Sólo ella seguía siendo Gallego Sobraba

Así pensaba la niña cuando veía a su madre y su padrastro tratar al bebé como si el mundo girase en torno a él y, por supuesto, ellos parecían los más felices del mundo.

Un día, Carmen escuchó sin querer una conversación que acabaría por reafirmar en ella la convicción de que era la que no encajaba en esa familia.

A menudo iba a casa la madre de Ramón, Pilar Hernández. Tenía buena relación con Victoria y adoraba a su nieto pequeño, pero a Carmen nunca le había mostrado especial cariño: la trataba con desgana y, cuando le traía algún regalo por su cumpleaños, Carmen notaba perfectamente lo poco que le apetecía hacerlo, como si se tratara de un trámite sólo por cumplir.

Toma, hija, decía Pilar forzando una sonrisa y entregándole el regalo. Estudia bien y sé una niña obediente, no des disgustos ni a tu madre ni a tu tío Ramón

Aquel día, Carmen volvió de casa de una amiga y, al entrar en silencio, escuchó a Ramón y a su madre charlando en el salón. Victoria no estaba, había salido para una consulta médica y había dejado a Tomás al cuidado de la abuela y de su marido.

Carmencita me mira como un lobo, hijo se quejaba Pilar.

A mí también, mamá Su mirada me pone incómodo a veces, de verdad respondió Ramón.

Pues mira que tú te lo estás currando, has hecho de padre, sostienes toda la casa, no miras el dinero protestaba Pilar, sin saber que Carmen escuchaba. Victoria apenas trae nada del colegio infantil donde trabaja, y ahora está con excedencia por cuidar al pequeño El sustento de la familia eres tú. Cualquier otra niña te estaría agradecida, y esta sólo sabe mirar con resentimiento.

¿Y qué quieres que haga? contestó Ramón. Al final, sangre ajena, mamá Intenté tratarla como a una hija, pero no lo consigo

Claro que es sangre ajena, Ramón. Y se parece a Lorenzo, que en paz descanse: la misma cara, el mismo carácter. Él también era así callado, serio. No sé cómo era en casa, pero de cara a los demás, era como te digo Y la hija ha salido igual.

Yo tampoco siento un gran cariño por Carmen, la verdad admitió Ramón. Quise aprender a quererla, pero nunca lo logré A Victoria la quiero de verdad, pero a Carmen sólo la soporto.

Y yo tampoco podría quererla como si fuera mi nieta de verdad. Para mí, sólo tengo un nieto, Tomás

Mamá, desde que nació Tomás, entendí lo que es tener un hijo propio Por él, hago lo que sea. Es lo mejor que me ha pasado y haré todo para que sea feliz.

Yo también creo que Tomás es todo para mí, sabes cómo esperaba tener un nieto. Sufría viendo que no te casabas nunca Desde el cole ibas loco por Victoria.

Sí, mamá, y al final, Ojalá fuera siempre para mí

Ramón, ¿y si tenéis otro hijo más? Todavía podéis, sois jóvenes. No lo dejéis pasar mucho, todavía estáis a tiempo Sería tan feliz

No sé, mamá dudó Ramón. Me encantaría, claro, pero lo dudo. Victoria dice que con dos es suficiente.

Claro, porque para ella son dos, pero para ti sólo hay uno

Además, sabes que el embarazo de Tomás fue complicado Mucho malestar, estuvo ingresada dos veces Me dijo que no lo haría más.

Bueno, igual con el tiempo cambia Ojalá. Yo desearía tener más nietos

Ya veremos, mamá

Mira, cuando Carmen termine la ESO podría irse a Madrid a estudiar, y quedarse allí Y vosotros podríais estar los tres tranquilos aquí. Así se queda libre la habitación, que estáis bastante apretados en esta casa. Tomás duerme todavía con vosotros, pero más adelante necesitará su propio cuarto. No es justo que la hija de otro tenga su habitación y tu hijo no.

También lo he pensado, mamá Pero es lo que hay. Carmen es mayor, no puede dormir con nosotros. Ya quisiéramos un piso más grande, o mejor aún, una casa con terreno

Sería maravilloso añoró Pilar. Tener nuestro huerto: tomates, zanahorias, remolacha, manzanos, perales Y los niños jugando en el patio Sería una maravilla.

Eso pienso, sí Podríamos pedir una hipoteca, usar la ayuda de familia numerosa Comprar una casa y, si luego Victoria vende su piso, liquidamos la hipoteca

¿Lo has hablado con Victoria?

Todavía no, pero lo haré en unos días Seguro que ella misma verá que es lo mejor para todos.

No lo demores, hijo Eres el hombre de la casa, al final eres tú quien debe decidir.

Sí, mamá, pero tampoco quiero presionar a Victoria. Tomamos las decisiones juntos, formamos una familia.

Y también estaría muy bien que Carmen, después de cuarto, se fuera a estudiar a la ciudad. Así, vosotros podríais tener vuestra vida tranquila con Tomás. Y si eso, que venga de vez en cuando a ver a su madre ya nos apañaríamos.

Ojalá sea así, mamá La verdad, desde que nació Tomás, la presencia de Carmen me incomoda cada vez más Ella tampoco parece querer al hermano, ni ayuda a su madre Podría hacerlo.

Sí, es como una espina clavada, esa Carmen suspiró Pilar.

Carmen, desde su cuarto, escuchaba cada palabra y no podía contener las lágrimas. No entendía por qué la vida se había vuelto tan injusta. Cuánto amaba a su padre, cuán bien vivían cuando estaban los tres Siempre juntos, siempre alegres Y alguien decía que su padre era serio y callado; no era cierto, ¡era el mejor padre del mundo!

Y ahora, su padre ya no estaba, les había caído encima ese tal Ramón, con su madre Pilar Y Victoria también había cambiado tanto desde que nació Tomás

A su pequeño hermano no lo miraba con odio, pero tampoco podía decir que lo quisiera Al ver a su madre y a Ramón volcarse en él, se moría de celos. De los sentimientos de Ramón no le importaba nada, pero a su madre sí la necesitaba, y le dolía saber que ya no estaba ni en segundo, ni quizá en tercer lugar en su corazón, después de Ramón y de Tomás

© Vivo, amo, escribo…

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