Mi novio dice que me quiere, pero nunca me ha elegido: tres años de promesas ocultas, encuentros cla…

Diario de Lucía, 22 de mayo

Mi amigo dice que me quiere, pero nunca me ha elegido de verdad.

Llevamos ya tres años así. Tres años viéndonos a escondidas. Tres años escuchando las mismas promesas. Tres años de una relación que sólo existe cuando su esposa no está cerca.

No entré en su vida sabiendo que estaba casado. Lo descubrí al cabo de unos meses; seguían viviendo juntos como cualquier pareja normal. Para entonces, yo ya estaba completamente involucrada emocionalmente.

Desde el principio, todo estuvo marcado por condiciones. Sólo podíamos vernos ciertos días, a ciertas horas y siempre en lugares donde nadie pudiera reconocernos. Jamás se podía quedar a dormir. Nunca podíamos viajar juntos. Yo ni siquiera podía subir una foto, ni dar la más mínima pista.

Si le escribía por la noche y no contestaba, ya sabía el motivo. Si desaparecía el fin de semana, también.

Su vida real estaba en otra parte. La mía giraba en torno a los huecos que él dejaba libres.

Muchas veces le he preguntado de frente si pensaba dejar a su mujer. Siempre lo hice tranquila, con madurez. Y su respuesta era siempre la misma: sí, pero ahora no. Decía que esperaba el momento adecuado. Que no era fácil. Que había cosas pendientes. Que ella dependía de él, que no quería hacerle daño. Me ha repetido tanto esta frase que he terminado por odiarla. Siempre surgía una nueva excusa, una nueva fecha, una nueva ilusión.

La que se adaptaba era yo.

Yo cambiaba mis horarios, cancelaba mis propios planes. Aprendí a no preguntar demasiado para evitar discusiones. Cuando él se iba de viaje con ella, yo guardaba silencio. Cuando celebraban algún aniversario, fingía que no pasaba nada. Y después, tras una bronca matrimonial, era yo quien le consolaba.

Era yo la que escuchaba.
La que comprendía.
La que esperaba.

Y aun así, nunca era la elegida.

Hubo momentos en los que creí de verdad que esta vez sí me marcharía. Una vez me dijo que ya hablaba con el abogado. Entonces volví a decirle que no era feliz. Otra vez busqué piso. Otra vez confié. Otra vez aposté todo.

Pero siempre pasaba algo: trabajo, familia, dinero, no es el momento.

Y me quedaba Congelada en una historia que no avanza.

Mientras tanto, la vida seguía sin parar.

Mis amigas se casan. Se mudan. Hacen sus planes.

Yo mentía. Decía que estaba sola. O que tenía algo sin etiquetas. No podía contar lo que de verdad pasaba, porque sé cómo suena. Sé lo que dirían. Y aun así, seguía allí. No porque fuera ingenua, sino porque le quería. O porque pensaba que le quería. A veces ya no lo sé.

Lo que más dolía no era que no dejara a su esposa.

Lo que más dolía era que nunca se puso de mi lado.

Si ella sospechaba algo, él se alejaba de mí.

Si en su casa había tensiones, yo desaparecía.

Si tenía que elegir entre mirarme a mí o quedar bien delante de ella, siempre ganaba ella.

Nunca fui la opción.

Fui el plan B. La que puede esperar.

Todavía sigo con él. Pero yo ya no soy la misma.

Le quiero, pero estoy cansada.

Cansada de comprender.
De esperar.
De conformarme con las migajas de su tiempo y de su amor.

Necesito consejo para tomar por fin una decisión.

¿Le pasa esto a alguien más en Madrid?
¿Qué me diríais si fuera vuestra amiga la que os contara toda esta historia?

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