Mis compañeros no me permitían comer en la mesa – Les lancé comida desde la estantería más alta

Acabo de llegar a casa de mis padres en un tren de clase turista. Me ha tocado el asiento superior, pero no me molesta en absoluto. En las literas de abajo están dos mujeres. Quise esperar al revisor en el andén, pero ya desde entonces una de ellas se ha quejado de que subiera a mi sitio.

Cuando decidí sacar algo para comer, las mujeres no me dejaron acercarme a la mesa. Se sentaron adrede a ambos lados y tomaban su té en silencio para que yo no pudiera ocupar su espacio.

¿Podría picar algo rápido? les pregunté.

Joven, tienes billete para la litera de arriba. ¿Has ahorrado dinero? ¡Pues come allí! Nosotros tenemos que dormir y luego oler tu comida. En fin, queremos descansar me respondió una de ellas.

Me di cuenta de que no iban a ceder. Así que hice mi cama y subí a la litera con mis fideos instantáneos. Justo cuando empecé a comer, el tren dio un fuerte tirón y toda mi cena cayó sobre la litera de abajo.

Los fideos se esparcieron por todas partes, incluso por el sofisticado peinado de la viajera que estaba debajo. Largos hilos de pasta cubrieron el compartimento entero. Quise reír y llorar al mismo tiempo.

Joven, ¿no sabes comer en el tren? ¿Es la primera vez que viajas? ¡Es terrible! la pasajera se indignó.

¡No he sido a propósito! respondí, y empecé a desenredar los fideos de sus rizos.

Toda la noche tuvimos que soportar el persistente olor de los fideos instantáneos. Hasta los revisores evitaban acercarse a la señora. Quiso lavarse, pero ¿cómo? El tren es uno normal, sin comodidades.

Dormí tan tranquilo, aunque el aroma me recordó el hambre todo el trayecto. ¿Qué puedo decir? ¡Se lo han buscado ellas mismas!

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