No estoy seguro de si mi madre realmente quiso ser madre, aunque siempre me repetía que quería tener una hija. Su vida no fue exactamente como soñaba; casarse y tener un hijo estaba muy lejos de las altas metas que se había fijado. Además, creció en una época en la que a las mujeres se las veía sólo como amas de casa y esposas. Mi madre nunca terminó de aceptar eso. No quería casarse, pero el entorno la presionaba tanto que no tuvo más remedio que buscarse un novio. Tal vez por eso mantenía con mi padre una relación bastante cordial.
Mientras yo crecía, mi madre no dejaba de decirme que, aunque fuese mujer, podía triunfar en cualquier profesión, hasta en aquellas de hombres. Tenía ante mí infinidad de caminos. Desde pequeña, mi madre ahorraba peseta tras peseta para que pudiera ir a cualquier universidad que yo eligiese, pero lo cierto es que a mí nunca me apasionaron las ciencias duras. Yo soñaba con ser cocinera.
Para que tuviera un buen título, mi madre me envió a estudiar a Francia. Allí estudié y, además, trabajé tres años en un restaurante estupendo de París. Fue entonces cuando conocí a mi gran amor y me casé.
Mi marido tiene buena posición económica y no quiere que trabaje demasiado, y, la verdad, a mí no me importa vivir sin trabajar fuera de casa. Me encanta preparar la comida para nosotros y para la familia.
Por supuesto, para mi madre esto fue un auténtico disgusto. Pero lo que verdaderamente la dejó sin habla fue enterarse de que estoy esperando un bebé. ¿Cómo podía ser? ¡Si apenas tengo veinticinco años, sólo conozco Francia y ahora resulta que me quedo en casa sin trabajar! Estoy seguro de que pensó algo así. Se notaba dolida, contrariada. Y desde luego no está nada contenta. No soporta a mi marido, piensa que no me deja hacer mi vida laboral, y ahora encima está enfadada con el futuro nieto. Y yo no sé cómo explicarle que, de verdad, todo esto me hace feliz.
A mí me gusta vivir para mi familia. Estoy ilusionadísima ante la llegada de mi hijo y por ser madre. Soy más que feliz con mi vida, pero por alguna razón, mi madre cree que no lo soy solo porque no ambiciono una gran carrera. Creo que a veces el verdadero éxito está en ser fiel a lo que uno de verdad desea y no dejarse arrastrar por sueños ajenos.







