Déjame contarte una historia que me ocurrió hace poco. Contraté a una limpiadora para que se encargara de la limpieza en mi despacho, aquí en Madrid. Se llama Inés Cortés, es una mujer amable, trabajadora y cada mañana llega antes que nadie. Consigue dejarlo todo reluciente en menos de una hora, y siempre termina el trabajo antes de que llegue el primer empleado.
Un día, Inés pasó por mi despacho para cobrar su sueldo. Venía muy bien arreglada, con un pelo estupendo y, la verdad, ni siquiera la reconocí al principio. Al entrar, me preguntó:
¿Es cierto que los empleados tienen descuento en el lavadero de coches?
Me sorprendió la pregunta. No entendía para qué quería el descuento, pero le confirmé que sí, y además le ofrecí que también su familia pudiera disfrutarlo, ya que ella trabajaba con nosotros.
Tendríais que haberme visto la cara de asombro, casi de incredulidad, cuando al poco tiempo apareció en el lavadero en un Mercedes de alta gama, acompañada por su marido y su hija, todos con coches igual de caros. Jamás imaginé que pudiera permitirse semejantes vehículos. La curiosidad me pudo, y terminé averiguando el secreto: resulta que Inés limpia en total veinte despachos como el mío cada día y se lleva una auténtica fortuna al mes. ¡Te lo puedes creer!
Ahora me ronda la cabeza la idea de pedirle a Inés unas clases para aprender a llevar un negocio.







