Renata se encuentra en una situación complicada: sus padres y su novio la animan a casarse, pero algo la detiene y no logra comprender qué es.

Hace ya bastantes años, recuerdo la historia de Aurora, una joven de Madrid que llevaba cinco años saliendo con Javier. Todo el entorno de Aurora consideraba que ya había llegado la hora de avanzar al siguiente paso. A pesar de que Javier le había pedido matrimonio hacía medio año, Aurora seguía aplazando su respuesta y no acababa de decidirse. Al principio, Javier mostraba mucha paciencia, pero con el paso de los meses, la indecisión de Aurora comenzó a pesar en la relación. Sus padres también insistían cada vez más, repitiéndole que, con veinticinco años, ya debería estar casada.

La verdad era que Aurora no sentía que Javier fuera el hombre adecuado para ella. Aunque la relación entre ambos era tranquila y respetuosa, siempre tenía la intuición de que faltaba algo esencial. Fue entonces cuando Aurora se descubrió con sentimientos cada vez más intensos hacia un compañero suyo del trabajo. Sin embargo, Diego, aquel compañero, ya mantenía una relación estable y tampoco parecía tener intención de casarse ni de romper con su novia. Esta incertidumbre los unió más y más, hasta que Aurora no pudo evitar preguntarse si Diego era en realidad el hombre que ella llevaba buscando.

Mientras la presión por parte de Javier aumentaba, Aurora encontraba imposible prometerse en matrimonio con él. Finalmente, Javier puso un ultimátum: debían casarse en otoño o en invierno. Aurora, sin convicción, aceptó la idea del invierno, pero la carga emocional de aquella decisión terminó llevándola a romper con Javier y a buscar consuelo en casa de sus padres.

Por otro lado, un compañero del trabajo se casó con su novia, lo que hizo que el interés de Aurora por Diego prácticamente desapareciera. Se quedó entonces en una especie de tierra de nadie, esperando aún a su supuesto amor verdadero. Aurora se preguntaba si era capaz de valorar una relación sana, o si su duda únicamente respondía a la certeza interior de que Javier no era la persona adecuada.

Aurora siguió buscando, soñando quizá con aquel alguien especial con quien le estuviera destinado compartir su vida, aunque no tenía claro si realmente existía para ella.

¿Qué consejo le daríais hoy a Aurora? ¿Cómo podría saber cuál es el camino correcto a seguir?

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