– Hola, ¿cómo estás? – Bien, ¿y tú? – ¿Qué hacéis mañana? – Pensamos en simplemente descansar en cas…

Hola, ¿qué tal?
Bien, ¿y tú?
¿Qué vais a hacer mañana?
Pues estábamos pensando en quedarnos tranquilos en casa.

¿En casa? ¡Hombre! Tengo una idea mucho más divertida. Mis padres tienen una casita de campo, pequeña pero súper acogedora y bonita. ¡Vamos allí! Aprovechemos que todavía hace bueno para hacer una barbacoa.

¡El sitio es de postal! Hay un pinar cerca y el aire huele a campo de verdad.
Me apunto. Gracias por la invitación.
Pues nada, preparaos las mochilas, id comprando la carne, y venid con vuestro coche al pueblo.

Vale contesté, y tiré directa al supermercado a por la carnaza.

Mi nueva compañera de trabajo era quien me había llamado. Muy maja, parecía simpática y todo.

Total, que compré dos kilos de carne, unas hierbas frescas, pan, una botella de buen vino de Rioja, y una tarta para el postre. Pensé que con esto estaríamos, que seguro ellos también llevaban algo. Adobé la carne como Dios manda y la metí al frigorífico. Por la mañana, recogimos al niño y pusimos rumbo a la casa rural de mi compañera. Ella ya estaba allí con su marido y los niños, esperándonos en la puerta.

Me fijé de refilón que llevaban una bolsita ridícula, y pensé será que ya tienen cosas en la despensa del campo. Llegamos. Y la verdad, la casa era preciosa; pequeñita pero acogedora. Justo pegada a los pinos, esa vista nos dejó a todos con la boca abierta. En medio del jardín había ya montada una tienda de campaña y una barbacoa de carbón.

Bajamos nuestro arsenal de comida del coche. Mientras los hombres se afanaban encendiendo el fuego (entre bromas y humo a lo campechano), mi compañera me enseñó el huerto y me contó orgullosa que allí pasaban todos los veranos, que era su pequeño paraíso.

Los niños se pusieron a corretear y jugar a perseguirse. El día no podía ir mejor.
Al rato, nuestros maridos nos llaman a gritos: ¡a comer!
Ya se sabe que al aire libre entra un hambre que ni en el Camino de Santiago. Salimos a dar una vuelta por el campo y, claro, volvimos con más hambre si cabe. Imaginad mi cara al acercarme a la mesa y ver que solo había la comida que nosotros habíamos traído.

Bueno, nos sentamos igual y, para qué mentir, las brochetas quedaron de muerte, jugosas y en su punto. Terminamos la velada con un buen té y la tarta. Ya al caer la tarde tocaba volver.

Llevamos primero a la familia de mi compañera a su casa. Al despedirse, ella me dice: Ha estado genial, nos ha sabido todo riquísimo, pero para la próxima, ¡que pongas a marinar más carne, que nos hemos quedado con ganas!

El camino de vuelta se hizo largo, con un regusto un poco amargo. Me quedó la sensación de que eran de esos que tienen maña para zamparse lo ajeno. Sinceramente, se me han quitado las ganas de volver a hacer planes con este tipo de gente.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

five × 1 =

– Hola, ¿cómo estás? – Bien, ¿y tú? – ¿Qué hacéis mañana? – Pensamos en simplemente descansar en cas…
Un padre abandona a su hijo a pesar de los resultados de una prueba de ADN.