Nunca logro entender de dónde proviene la crueldad infantil; los niños llegan a este mundo inocentes…

Nunca llegué a entender de dónde surge la crueldad infantil. Los niños vienen al mundo como almas inocentes, y aunque la vida les va endureciendo poco a poco por los obstáculos que encuentran, ¿cómo pueden ser tan maliciosos ya al empezar la escuela?

Durante prácticamente toda mi vida fui profesora de inglés. Enseñé a numerosas clases, desde quinto hasta octavo, y vi pasar a muchos alumnos. Conocí niños encantadores, pero también auténticos monstruos y eternas víctimas. Estos últimos siempre eran indefensos, por alguna razón toda la clase se arrojaba sobre ellos como lobos, intentando devorarlos vivos.

En mi aula también hubo un niño a quien nunca se apreciaba desde el principio. Era un chico completamente normal, de aspecto agradable, aunque algo robusto, y los demás le molestaban primero por su peso y luego porque preguntaba demasiado en clase y en los recreos. Se esforzaba en aprender, aunque no siempre lo conseguía, y el trato cruel que recibía le avergonzaba a tal punto que no se atrevía a ir solo al comedor. Prefería sentarse en la mesa de los profesores, donde yo y otros docentes almorzábamos.

Hablar con los niños de esa edad, como descubrí repetidas veces, es casi inútil. Son incapaces de controlarse. Solo con los años, Tomás empezó a recibir un trato más digno. Cuando en octavo todos se dieron cuenta de que ese ciclo se estaba acabando, de repente se mostraron más amables, enfocados en sus notas y los exámenes, y afloró una especie de tregua entre ellos. No obstante, de vez en cuando aparecía alguno que insultaba a Tomás. Entre ellos destacaba Ángela, siempre pendiente de buscar conflictos. En una ocasión, rompió la chaqueta de Tomás y le amenazó para que no se lo contara a sus padres. No hizo falta: fui yo quien avisó a sus padres y obligó a Ángela a pedir disculpas y a coser la chaqueta del chico.

Después de aquel incidente, Ángela parecía tratar a Tomás aún peor, pero temía enfrentarse a él directamente.

Los niños crecieron y se marcharon a diferentes institutos en Madrid y alrededores.

Han pasado muchos años desde entonces, pero mantengo el contacto con algunos exalumnos a través de las redes sociales. Hace poco, vi una fotografía de la boda de Tomás y Ángela. Quedé tan sorprendida al verla. Incluso algunos de sus antiguos compañeros asistieron.

Es fascinante preguntarse cómo ocurrió todo aquello. Porque, sinceramente, Ángela nunca le tuvo cariño y Tomás le temía y allí estaban, convertidos en marido y mujer.

La vida es imposible de predecir. Aquellos niños que parecían incapaces de entenderse, luego ven cómo el destino lo cambia todo. Me alegra por ellos, aunque sigo sin salir de mi asombro. Ahora, cuando observo a los jóvenes peleando en el aula, me pregunto si les sucederá lo mismo en el futuro, o si acaso Tomás y Ángela fueron algo excepcional en la vida de la escuela.

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