Mamá, mamá, esta mañana todo iba bien, empezó la hija sollozando una y otra vez, y por la tarde alguien llamó a Fran.

8 de abril

Hoy he vuelto a casa con el alma revuelta. He ido a visitar a mi hija, y lo que me he encontrado me ha dejado descolocada. Al abrir la puerta de su piso en Madrid, lo primero que he visto ha sido un desorden que nunca antes había visto allí. Mi hija, Inés, estaba sentada en el suelo, llorando desconsolada. Me ha contado que discutió con Rubén y lo echó de casa. Nunca imaginé que las cosas llegarían tan lejos. Siempre pensé que eran una pareja feliz, que todo marchaba bien. Tenían dos niños preciosos y juntos se habían lanzado a la aventura de comprar un piso con una hipoteca en euros. No alcanzo a entender cómo ha acabado todo así.

Mamá, esta mañana todo estaba bien me ha dicho entre sollozos. Pero por la tarde, alguien llamó al móvil de Rubén. Fui yo quien cogió. Era una voz de mujer. Me dijo: Cariño, ¿hasta cuándo tengo que esperar? Le pregunté quién era, pero colgó y ya no volvió a responder. En ese momento supe que algo no iba bien y decidí preguntarle a Rubén. Él me aseguró que era una equivocación.

Sabes que te soy fiel me repetía. Pero no pude creerle. Cogió sus cosas y se fue.

Me cuesta calmar a Inés. Quiero pensar que a lo mejor sí fue un error, una confusión sin más, pero algo en sus ojos me dice que está rota por dentro.

Hoy, por la mañana, Inés me ha llamado. Rubén ya ha puesto una demanda de divorcio. Por ahora dice que seguirá pagando la hipoteca, pero quién sabe lo que pasará. Si deja de hacerlo, Inés no podrá con todo y acabarán perdiendo el piso. Él le ha prometido que el piso será para los niños, pero Inés ha escuchado rumores de que la otra mujer de Rubén le exige también su parte en los bienes.

Parece que también necesitan una casa porque ella está embarazada. Nadie sabe si eso es verdad, pero el rumor está ahí. Cuando se separaron, Rubén le prometió a Inés que se haría responsable de todo. Rubén sigue viendo a los niños, y por suerte Inés nunca le ha puesto trabas. Pero a la otra mujer no le agrada nada esta situación, y temo que Rubén cambie de opinión sobre el pago de la hipoteca.

A veces, al cruzarse en la calle al recoger a los pequeños, Inés nota que Rubén está agotado, que esa mujer le está desgastando. Hasta parece cansado de su embarazo

Qué complicado resulta a veces el amor y cuánto pueden cambiar las cosas de un día para otro.

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Mamá, mamá, esta mañana todo iba bien, empezó la hija sollozando una y otra vez, y por la tarde alguien llamó a Fran.
Adopté a una niña pequeña, y veintitrés años después, en su boda, un desconocido se me acercó y me dijo: «No tiene ni idea de lo que su hija le ha estado ocultando»