—¿Y ahora va a vivir con nosotros? —le preguntó a su esposa, mirando a su hijo…

¿Y ahora va a vivir con nosotros? pregunta él a su esposa, mirando a su hijo
Carmen Ruiz vuelve a casa y se sorprende al ver a su hijo. Álvaro lleva ya dos años viviendo con su mujer en un piso aparte y apenas se ven un par de veces al mes, y eso solo los fines de semana. Ahora es un martes cualquiera.
¿Ha pasado algo? pregunta Carmen en vez de dar los buenos días.
¿Es que no te alegras de verme? intenta bromear Álvaro, pero al ver la mirada seria de su madre, responde: Me he ido de casa de Lucía.
¿Cómo que te has ido? le pregunta ella con tono firme.
Con su carácter fuerte, Carmen no suele gastar muchas bromas. Su trabajo en un centro de menores le ha dejado bien marcada: pocos juegos y mucha seriedad.
Pues Nos hemos peleado balbucea Álvaro, todo en su actitud suplica no hablar del tema.
¿Y qué? ella le mira a los ojos, ¿vas a venirte aquí cada vez que discutas con tu mujer?
¡Vamos a divorciarnos! suelta Álvaro.
Carmen le sigue mirando de ese modo que uno sabe que no acepta excusas. Álvaro respira hondo:
Quiere que haga yo también cosas en casa, y yo ya llego agotado de trabajar.
¿Y qué te pasa por ayudar a tu mujer? no le da la razón su madre.
Eso mismo me ha dicho ella. Pero es que yo le respondí que la mujer es quien debe cuidar del hogar.
¿Y dónde has aprendido semejante barbaridad? pregunta ya perdiendo la paciencia.
Está agotada tras el trabajo, solo desea darse una ducha, cenar tranquila con su marido y descansar. Y aquí está su hijo con ideas de otro siglo. Lleva toda la vida con su marido, pero nunca le ha oído decir nada así. Siempre han trabajado los dos, compartido las tareas de casa y criado juntos a sus hijos; nunca hubo división de roles. Y ahora resulta que, ¡el HOMBRE de la casa se queja!
¡Te he preguntado algo! levanta la voz tanto que Álvaro, de no ser un hombre hecho y derecho, se lo hace encima. ¿Quién te llena la cabeza con esas tonterías? ¿Acaso vienes de cazar mamuts? Los dos trabajáis, los dos sois responsables; así que las tareas domésticas se comparten. O, ¿le has propuesto dejar su trabajo para ocuparse solo de la casa? No, ¿verdad? Pues entonces, ¡no vengas con esas historias! ¿Acaso nos has visto alguna vez a tu padre y a mí discutir por quién barre o cocina? Porque sabemos que solo remando juntos la cosa funciona.
En ese momento, Juan Manuel, el padre, llega de trabajar y, al ver a Álvaro, pregunta sorprendido:
¿Ha pasado algo?
Hasta hacen las preguntas igual, piensa Álvaro, y responde en voz alta:
Vamos a divorciarnos, Lucía y yo.
Pues eres tonto dice Juan Manuel, directo, y se va a la cocina a dejar la compra.
Juan, nuestro hijo es un cabeza hueca le dice Carmen, y le cuenta el motivo de la discusión.
¿Y entonces, ahora piensa quedarse aquí? pregunta Juan Manuel a su esposa, y luego se dirige a Álvaro: ¿Sabes de dónde viene la palabra cónyuge? Antiguamente se decía compañero de yugo, es decir, quienes tiran juntos del mismo carro. Así que las responsabilidades se llevan a la par. Si uno se escaquea, el otro tiene que tirar el doble, y al final o revienta uno, o la carreta se rompe.
Álvaro se queda pensativo, pero la rabia hacia Lucía todavía no le deja. Esperaba que sus padres le apoyasen, pero resulta que se ponen del lado contrario. Sus padres siguen hablando de él sin prestarle atención; Juan Manuel coloca la compra y Carmen la guarda donde corresponde, dejando claro que no están para cuidar a ningún adulto.
Álvaro observa la armonía de su casa y no entiende cómo pueden ser tan duros y, al mismo tiempo, tan cariñosos el uno con el otro.
¿Y a qué esperas ahí parado? ¡Vete y arregla las cosas con tu mujer! le dice su padre con seriedad. Y olvídate de esa ridícula idea de quién debe qué; lo que hay que hacer es cuidarse y ayudarse el uno al otro. Venga, fuera, que tu madre y yo tenemos cosas que hacer.
Álvaro sale de la casa decepcionado; no era la reacción que esperaba. Pero se da cuenta de que el enfado con Lucía se le ha pasado ya, y que no tiene sentido la discusión que provocó. Lo que sí tiene claro es que quiere construir una familia tan feliz como la de sus padres.

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—¿Y ahora va a vivir con nosotros? —le preguntó a su esposa, mirando a su hijo…
— Ya me lo decía mi madre: “No la tomes por esposa”.