Viajábamos por la carretera cuando, de repente, un enorme oso apareció en mitad de la vía y comenzó a acercarse lentamente hacia nuestro coche.

Viajábamos por la autovía, cuando de repente, como salido de un suspiro antiguo, un oso inmenso irrumpió en el asfalto y empezó a deslizarse, lento y pesado, hacia nuestro coche. El mundo se volvió líquido y extraño: estábamos convencidos en ese instante de que la bestia iba a atacarnos, hasta que algo verdaderamente insólito sucedió

Íbamos por la autovía, bordeando un bosque oscuro que respiraba niebla. La carretera estaba mojada, todo a nuestro alrededor callaba ni una cigarra quejándose y hablábamos con la tranquilidad de quien cree que la noche será como las demás, pensando ya en la llegada a casa, en la sopa caliente y la compañía.

Y entonces, justo ante nosotros, apareció ese oso monumental, un peluche de pesadilla. Mi marido, Álvaro, frenó de golpe; el coche tembló como un flan y el corazón se me fue a los talones. El animal se detuvo a un metro escaso del capó y se erguió, desafiando todas las leyes de la lógica. No era una aparición, era una estatua viva, una amenaza de carne y sueños.

Nos miraba. Nos miraba fijamente, con una solemnidad de rey antiguo, sin pestañear ni una sola vez. Después, avanzó un paso hacia el coche, despacio, seguro, como si supiera exactamente lo que hacía. Yo estaba convencida de que tenía hambre y que en cualquier segundo cargaría contra nosotros. Las puertas cerradas y los cristales parecían de papel de arroz en ese momento.

Álvaro metió marcha atrás y empezó a retroceder, con extremo cuidado, como si cualquier brusquedad fuera a romper el hilo frágil de nuestro destino. Ambos sabíamos que si el animal decidía atacar, apenas tendríamos esperanzas. Yo estaba paralizada de miedo, solo podía mirar y esperar.

Y justo entonces ocurrió lo absurdo, lo surrealista, lo imposible. Un árbol desmesurado, que llevaba décadas presidiendo el borde de la carretera, se vino abajo con un estrépito tan brutal que parecía romper la realidad. Cayó casi encima de nosotros, tocando el suelo a unos metros del coche; un poco más y habría sido nuestro fin. En ese instante, la vida nos escogió por capricho.

El oso reaccionó al estruendo con una sacudida extraña, como una bailarina despertando de un mal sueño, y sin dudar se dio la vuelta y se perdió entre los árboles. Desapareció tan rápido como había llegado. De pronto, toda la carretera recuperó su silencio de siempre, como si nada hubiera ocurrido, como si solo fuera una visión pasajera.

Desde entonces, no dejo de pensar en ese momento extraño. ¿Quiso el oso atacarnos, o vino a advertirnos, o simplemente lo asustó el caos del árbol cayendo? Nunca lo sabré. Pero aquellos ojos, inmensos y profundos, no podrán borrarse jamás de mis sueños ni de mi memoria.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

four + seven =

Viajábamos por la carretera cuando, de repente, un enorme oso apareció en mitad de la vía y comenzó a acercarse lentamente hacia nuestro coche.
Ya estoy harto…