He decidido regalarle a mi hijo mis antiguos muebles del dormitorio y de la cocina. Javier lleva cinco años viviendo con Marina, pero en todo ese tiempo casi no han conseguido nada propio. Les falta equipamiento, muebles, ¡incluso duermen sobre un colchón inflable! Un día le comenté a Javier que mi marido y yo estamos cambiando el mobiliario y que podía llevarse nuestro viejo sofá y dos mesillas. Se alegró y me dijo que hablaría con Marina.
Resulta que mi nuera no está nada contenta con nuestra oferta. Me dijo que su madre jamás le daría muebles usados.
Estos muebles antiguos todavía están en muy buen estado. Las mesillas son robustas, de madera, y me costaron una fortuna; el sofá también nos salió caro (mi marido y yo siempre hemos tenido buenos trabajos y podíamos permitirlo).
Por supuesto, ha pasado tiempo y ya toca renovar un poco. Queremos tener algo nuevo en casa y disponemos de dinero para ello.
Pero los antiguos muebles lucen bien, ¡podrían durar muchos años más! Me da lástima deshacerme de ellos. Si los vendo, no sacaré gran cosa. Tener que estar pendiente de venderlos, buscar compradores, subir fotos… ¿quién quiere lidiar con esos líos?
Nos dais simplemente cosas que ya no queréis dice Marina. Te deseo lo mejor le respondo pero vosotros no tenéis de nada, hasta el eco se oye en vuestra casa. Os ofrezco buen mobiliario, y aún así no estás contenta.
Ya he ayudado a los jóvenes con el piso. Vendí mi casa de campo y me quedó algo de dinero. Ellos pusieron lo que tenían y compraron un piso de dos habitaciones. Esperaban que, cuando tuvieran hijos, sería cómodo para la familia. Pedí a mi hermana dinero para la reforma. No fue mucho y pudieron devolverlo.
No hemos intervenido en cómo gestionan sus finanzas. Les dijimos que ya son adultos independientes y, por tanto, todas las decisiones las tomarían ellos. Así que, cuando mi nuera quiere reprocharme diciendo que su madre piensa diferente, no nos queda más que encogernos de hombros. Los chicos hicieron algunas pequeñas reformas.
Blanquearon las paredes y pusieron vinilo en el suelo. Pero para los muebles no hay dinero. Mi hijo no quiere pedir más préstamos, pero viven entre paredes desnudas, unas banquetas y un colchón. Bueno, hay que empezar por algo. Aun así he decidido ayudarles también en esto.
Tengo una cocina modular, se puede desmontar y montar en vuestro piso les digo. Es mucho más asequible que una nueva. Tengo campana y cocina. Además, el mobiliario del dormitorio está como nuevo.
Javier parecía satisfecho, pero Marina sigue sin estarlo.
Entiendo que esto genera discusiones entre ellos. Marina seguramente piensa que a los mayores no les hace falta renovar los muebles. Cree que sería más correcto que la joven familia recibiera muebles nuevos.
¿Y si tiene razón? ¿Quizá queda mal regalar a mi hijo lo que no quiero y comprarme cosas nuevas? Nunca me lo había planteado. Aunque pienso que mi nuera podría alegrarse, al menos un poco.







