Mientras estudiaba en la universidad e intentaba trabajar a la vez, apenas tenía suficiente dinero para muchas cosas. Sin embargo, en aquel entonces era feliz, porque sentía que mi vida transcurría sin grandes problemas. Mi esposa y yo alquilábamos un pequeño piso en el centro de Madrid, y todavía no nos habíamos planteado tener hijos. Primero queríamos comprar nuestra propia vivienda y, ya después, podríamos pensar en formar una familia. Mis padres están jubilados y tengo una hermana menor. Mi hermana, Carmen, está divorciada y tiene a mi sobrino Lucas, que acaba de empezar primero de primaria. En nuestra familia nunca hubo mucho dinero, pero siempre supimos arreglárnoslas por nuestra cuenta.
Al principio pensé que llegarían tiempos mejores. Terminé la carrera y conseguí una promoción en el trabajo. Ahora era el asistente principal de nuestro jefe. Todo aquello supuso un aumento considerable en mi sueldo. Mi esposa, Beatriz, y yo decidimos al instante solicitar una hipoteca y, por fin, mudarnos a nuestro propio piso. Y, como sentíamos que era el momento de hacer cambios importantes en nuestras vidas, Beatriz me anunció, un mes después, que estaba embarazada. Comenzamos a prepararnos para la llegada del bebé. Cuando mi familia se enteró de mi ascenso, todos se alegraron mucho.
Pero de pronto, toda esa felicidad se tiñó de presión. Mis padres comenzaron a presionarme, diciéndome que debía ayudar a mi hermana y a mi sobrino, tan solos tras el divorcio. Y mi hermana, por su parte, decía que, como hermano mayor, me correspondía también cuidar económicamente de nuestros padres. El dinero se me iba de las manos rápidamente. Si no era porque mis padres necesitaban un televisor nuevo y enorme, era porque Lucas tenía que participar en una excursión escolar carísima. Beatriz empezó a resentirse conmigo, porque ahora estaba de baja por maternidad y no teníamos suficiente dinero para nuestra familia, ya que demasiados dependían de mi salario. Tengo que aprender a poner límites a mis familiares con el dinero, porque me están quitando hasta el último euro, cuando lo que necesito es ahorrar y prepararme para la llegada de nuestro hijo. Ahora la ropa de bebé cuesta una fortuna…






