¿Y por qué solicitar una hipoteca cuando podemos tener nuestro propio piso?

Mira, te voy a contar lo que me pasó ayer, porque de verdad me dejó pensativa. Estaba sentada en un banco, aquí en el parque del barrio, con mi vecina Pilar. Y la pobre estaba hecha un mar de lágrimas, súper apenada porque siente que la quieren llevar a una residencia de mayores. Y todo, fíjate, por unas palabras de su hija.

Pilar crió a su hija sola; se quedó viuda muy joven y no le quedó más remedio que sacarlo todo adelante ella sola. Claro, su hija, Carmen, salió un poco caprichosa y mimada, la verdad.

Desde pequeña, se acostumbró a que su madre le hiciera todo. Pilar le daba hasta el último euro que tenía, siempre le compraba lo que se le antojaba. La llevaba vestida como una muñeca. Y para poder consentirla y tirar para adelante, Pilar trabajaba a turnos dobles en la fábrica, sin parar apenas. Por suerte, en aquella época la empresa le terminó dando un piso, que antes era otra cosa, ahora ya nadie te regala nada, tienes que ahorrar y matarte a currar para intentar tener tu propia casa, y aún así

La niña creció, fue a la universidad y se casó. Los padres del marido tienen un chalet enorme en las afueras de Madrid, pero que va, ellos no quieren vivir ahí. Pilar tiene también su piso, pero no se lleva bien con el yerno. Y claro, tampoco es fácil para los jóvenes vivir con los suegros, cada uno tiene sus costumbres, sus cosas ¿para qué estar molestándose unos a otros?

Y hoy en día cualquiera puede pedir una hipoteca, claro, la cosa es conseguir el dinero para la entrada, y luego ir pagando como se pueda, mes a mes, aunque cueste sudor y lágrimas. Pero aún así, eso sigue siendo mejor que ir saltando de alquiler en alquiler toda la vida.

Está claro que antes era otra historia, pero ahora, si quieres piso, te lo tienes que sudar a base de bien.

Tanto la hija como el yerno tienen buen trabajo y ganan decentemente. Muchos amigos suyos ya se han comprado sus propios pisos así. Pero nada, que no consiguen ahorrar ni un duro. Que si primero un embarazo, luego el segundo… Un dineral en pañales y en leche de fórmula. Ahora, los jóvenes ni se plantean poner una lavadora de pañales o preparar papillas. Todo de bote, rápido, fácil. Pañal usado, pañal a la basura y otro nuevo. Y a correr.

No entiendo por qué corrieron tanto para tener niños. Podrían haberse estabilizado primero, haberse comprado un piso, luego pensar en hijos Pero no, han ido a toda velocidad. Ahora, Carmen dice que quiere tener más, que no quiere que los hijos sean hijos únicos como ellos fueron. Que así se ayudan entre hermanos, y aprenden a compartir, que no sean tan consentidos Y ojo, puede ser, quizás tiene razón, pero el caso es que, hijos o no, quienes los tienen muchas veces no hacen más que quejarse.

Pero lo que yo no entiendo es cómo no han conseguido ahorrar para tener aunque sea un cuchitril pequeño. Nosotras antes nos poníamos la misma chaqueta varios inviernos, con tal de poder guardar unas pesetillas para el piso. Ahora, los jóvenes quieren lo último de lo último, no están acostumbrados a renunciar a nada, viven el momento todo el día.

Además, comen fuera todo el tiempo, a los críos les compran montones de chucherías, y de juguetes ni te cuento. Antes bastaba con un par de coches y una muñeca. Ahora, cada semana anuncian un juguete nuevo y ahí van los padres, a comprarlos todos.

Y la hija de Pilar, igual: le pierden las cremas caras, la ropa de marca, y si no se lo pone en tres días, ya lo regala y se compra otra cosa. Un gasto sin sentido, y el dinero vuela. Cuando no es verano en la Costa Brava, es vacaciones en Tenerife, Menorca, lo que sea. Que porque los niños necesitan aire marino. Y ellos, claro, también necesitan desconectar.

Si está bien descansar, pero oye, también podrían veranear en el pueblo y guardar algo para el futuro. Mira, con lo que se han gastado en viajes en los últimos años, yo creo que ya podrían haber tenido un piso propio, pequeño, pero suyo. En cambio, nada, siempre de prestado o de alquiler, y sin techo propio.

Total, que así estaban las cosas y ayer me encuentro a Pilar llorando. La hija vino de visita y volvieron a hablar del tema del piso. Y la hija va y suelta que para qué se van a comprar nada, que están la mar de bien alquilando, que ellos viven, disfrutan, comen lo que quieren y se visten como les apetece. Y que, total, en el futuro ya heredarán un piso, porque tanto ella como el marido son hijos únicos.

Imagínate cómo le sentó eso a Pilar. Se sintió fatal, como si estuvieran esperando a que se muera para quedarse con el piso. La hija, luego, claro, pidió disculpas, que mamá, que no era mi intención pero ya el daño estaba hecho.

Yo, sinceramente, entiendo lo que Carmen ha querido decir, pero la forma… fue un palo para Pilar. Y ahora, cada vez que la hija la llama para preguntar ¿cómo estás?, Pilar siente que le están empujando a irse a una residencia o, peor todavía, que ya están esperando a que se vaya para quedarse con el pisoPilar se encoge un poco cada vez, como si la simple pregunta ya pesara demasiado. Y es que, claro, cómo va a estar, si siente que lo que más ha querido en la vida la mira ahora como a un trámite, una llave para el futuro, un número en una herencia. Yo la miré, y le dije, con todo el cariño posible: Pilar, tu valor no está en un piso ni en un papel de notario, está en todo el amor que diste. Y aunque ahora tu hija no lo vea, lo descubrirá algún día, cuando el dinero no abrace y el tiempo apriete, y eche de menos lo que eres tú, no lo que tienes.

Ella me miró, secándose las lágrimas con la manga, y por primera vez en toda la tarde sonrió un poquito. ¿Tú crees que algún día lo entenderán?, me preguntó. Le apreté la mano y le dije que sí, que al final la vida enseña, aunque a veces la lección llegue tarde.

Nos fuimos andando despacio, dejando atrás el banco, y a Pilar la vi erguirse un poco más en el camino, con la dignidad sencilla de quien sabe que ha hecho todo lo que debía, aunque a veces el mundo no lo vea. Al final, el sol se colaba entre las ramas y las risas de unos niños en la plaza daban vueltas en el aire. Y yo pensé, mientras la acompañaba, que quizá los pisos se pierden, los ahorros se esfuman, pero el eco de lo que uno entrega, eso sí queda, diluyéndose suave por el parque, como la voz de Pilar rompiendo al fin en una pequeña risa.

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¿Y por qué solicitar una hipoteca cuando podemos tener nuestro propio piso?
Eras mayor y ahora aún más, – tu marido se fue sin llegar a descubrir la sorpresa…