Siempre soñé con tener un hijo, así que dejé a mi novia para cumplir ese deseo. Resulta que ella estaba embarazada en ese momento, pero nunca me lo contó.

Cuando conocía chicas por internet, dejaba muy claro que buscaba una relación seria. En el momento en que conocí a Lucía, ya tenía veintiséis años y me sentía completamente preparado para casarme y formar una familia. Tenía dinero, ambiciones y posibilidades. Ella era una chica muy joven, pero nada en su vida parecía salir como quería: su familia tenía problemas económicos, la echaron de la residencia universitaria por no pagar, y no estaba satisfecha con la carrera que estudiaba. Solo quería casarse conmigo para tener una vida mejor.

Lucía me gustaba mucho, no solo porque era atractiva, sino también porque tenía una conversación amena y entendía mis bromas. Le prometí que pronto nos casaríamos y, mientras tanto, intentábamos tener un hijo. Después de medio año intentándolo sin resultados, en el trabajo conocí a la elegante y madura Marta, que era mayor que yo y ya tenía una hija de tres años. Al principio pasaba tiempo con ellas porque quería estar cerca de una niña, siempre me gustaron los niños; luego empecé a pensar que esa podía ser la familia perfecta para mí.

Dejé a Lucía diciéndole que me había enamorado. No amaba a Marta tanto como a Lucía, pero esperaba que con el tiempo, simplemente me acostumbrara. Era feliz, me convertí en padre, tuvimos gemelos y he estado exultante los últimos ocho años, hasta hace pocos días, cuando me encontré con Lucía a la puerta del colegio, acompañada de un niño de siete años. Yo estaba recogiendo a mi hija y vi a mi exnovia con un niño que era igual que yo de pequeño.

Lucía no lo negó: era mi hijo. Ella ya sabía que estaba embarazada cuando rompí con ella, pero no me lo dijo a propósito. Crió sola a nuestro hijo y se mantiene por sí misma. Es muy independiente y no necesita mi ayuda ni mis disculpas. No me dio ni su dirección ni su número. Tengo sentimientos encontrados, pero sé que estoy enfadado con ella. Fui ingenuo y cegado por la idea de una familia, cambié el amor por un hijo ajeno, pero, ¿cómo pudo ella no detenerme sabiendo que estaba embarazada?

Jamás habría dejado a Lucía de saberlo, y nuestras vidas habrían sido diferentes. Habría criado a mi hijo desde su nacimiento, y ahora, ¿qué puedo hacer? Lucía no quiere tener contacto y no sé si debo tratar de recuperar el tiempo perdido, porque a Marta y a mí nos va bien y los gemelos todavía son pequeños… Aun así, me da pena cómo han salido las cosas.

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