Porque fui yo quien dejó a la familia por otro hombre y provoqué la ruptura del matrimonio, Martín decidió que debía compensarle por su corazón roto. No me permitió llevarme a nuestro hijo, y el niño quería quedarse con su padre, no conmigo. Aunque me dolía, no pude convencerle ni forzarle a marcharse conmigo. Lo resolvimos rápidamente; me dejaron marcharme y, a cambio, enviaba dinero una o dos veces al mes. Mi exmarido trabajaba y ganaba bien, pero cuando se dio cuenta de que yo tenía mucho dinero y que mi nuevo compañero aportaba también algo para que nuestro hijo no se privara de nada, dejó el trabajo y comenzó a vivir de nuestro dinero.
A medida que el chico crecía, su padre lo malcriaba sin medida: almuerzos en restaurantes, faltaba al colegio cuando se le antojaba, viajes de verano y electrodomésticos costosos. Con el tiempo, mi hijo desarrolló una actitud de indiferencia y cada vez quería verme menos. Todo lo que le compraba o hacía por él, papá lo superaba, aunque fuera usando mi propio dinero. A los once años, el chaval ni siquiera se preguntaba cómo es que su padre era tan rico si siempre estaba en casa.
Mi actual esposo, Alejandro, sugirió que tal vez enviaba demasiado dinero. Además, empezamos a pensar en los estudios universitarios del niño y decidimos que sería mejor ahorrar para ese objetivo, en vez de que mi exgastara todo en caprichos. Le comuniqué personalmente a Martín mi decisión, diciéndole que los había mantenido suficiente tiempo y que ahora él debería encargarse de los gastos, mientras yo me ocuparía del futuro académico de nuestro hijo. Martín me dijo entonces qué clase de madre era, y qué esposa había sido, y amenazó con llevarme a juicio para sacar pensión alimenticia, porque supuestamente nunca les había pagado nada.
Consulté con abogados, quienes me aseguraron que no debía temer ni prestar atención a sus amenazas, porque no lograría nada; de hecho, llevaba años viviendo de mi dinero sin trabajar. Aun así, siento que soy yo quien pierde en todo esto. Mi hijo ahora me odia aún más, pensando que no quiero ayudar a su padre…






