Cuando Javier llegó a la oficina en Madrid, se encontró con una inesperada escena: los empleados estaban celebrando algo. ¿Hoy es alguna fiesta especial?, pensó Javier, extrañado. Sí, estamos de enhorabuena porque mi mujer, por fin, está embarazada, respondió el compañero, Martín.
Todos los colegas rodeaban a Martín, radiantes de felicidad porque iba a convertirse en padre. De pronto, otro empleado se acercó a Javier y le comentó, con media sonrisa: Eres el primer hombre en la oficina que festeja el embarazo de su esposa. Normalmente la gente celebra cuando el bebé ya ha nacido, no antes. ¡Eres todo un personaje! Prepárate, porque a partir de ahora te van a dar consejos de todo tipo y te van a contar las historias más terribles sobre la paternidad. Javier se quedó sorprendido y algo inquieto.
El compañero asintió con gravedad. Durante los próximos nueve meses, tendrás que cumplir todos los antojos de tu esposa. La mía no me dejó descansar ni un segundo cuando nació nuestro primer hijo. Tu mujer te bombardeará con exigencias y cheques para compras ya verás, y la felicidad se irá transformando poco a poco en cansancio. Otro preguntó: ¿Cuántos hijos tienes? ¿Qué edad tienen? El primero respondió con un gesto resignado: Dos, pero ni me acuerdo cuántos años tienen. Mi hija creo que tiene siete o seis. Javier permaneció en silencio, aprehensivo.
Al terminar la jornada, Javier llegó a casa y abrazó con ternura a su adorada esposa, Carmen. Menos mal que en la oficina nadie te ha dicho que sólo te quedan unos días para dar a luz. Todos siguen pensando que tienes nueve meses por delante. No vas a poder resistirte a contarles, seguro. Intentaré no decir nada, respondió Carmen, con una sonrisa cómplice.
Poco después, Carmen dio a luz a un niño sano, al que llamaron Mateo. Javier pidió unos días libres en el trabajo para acompañar a su familia. Corría cada tarde para regresar a casa con ellos, y sus compañeros no entendían esa urgencia. Javier siempre anteponía a los suyos a cualquier otra cosa, porque en su corazón, la familia era lo primero.






