Vecino indeseado

Existe un tipo de persona con la que, sinceramente, no puedo ni quiero socializar. Son muy pocos los que toleran a las llamadas personas tóxicas. Lo que voy a contarme hoy aquí está basado en una experiencia cercana, inspirada en todo lo que viví y sentí sobre esta historia.

Mantenía una relación cordial y cercana con una prima mía. Siempre nos hemos hablado con franqueza, nos hacemos visitas habitualmente. Así que, en aquella ocasión, decidí pasarme por casa de Lucía a tomar un café. Aproveché y compré una tarta en la pastelería de la esquina antes de llegar.

No fue la mejor hora para ir, porque Lucía ya tenía una visita. Resultó que estaba allí Jacinta, su vecina. Una mujer mayor bastante dada a la bebida. Le gusta gastar toda su pensión en vino y cerveza. Y, claro, nunca le apasiona beber sola, así que Jacinta recorría los pisos del bloque en busca de compañía para sus brindis. Es, en definitiva, una persona excesivamente pesada.

A Jacinta trato de esquivarla siempre que puedo. Mi paciencia con su presencia es nula. Habla hasta quedarse sin aire, dice cosas sin sentido y no distingue la situación ni el momento oportuno. Por eso, le muestro la mayor frialdad posible. Aquella tarde estaba a punto de marcharme, pero Lucía insistió en que me quedase. No me opuse, tampoco pretendía quedarme mucho. Mientras la cafetera burbujeaba en la cocina, Jacinta empezó a desvariar con sus historias eternas.

No todo el mundo puede tolerar a gente así. Es de esas personas que puede hacerte reír de puro absurdo, y llorar al siguiente instante. Lucía tiene mano abierta para acoger situaciones peculiares; yo, si fuera ella, jamás dejaría entrar a una vecina tan cargante en mi casa.

Decidí marcharme pronto porque ya había tenido suficiente de sus desvaríos. Más tarde, Lucía me escribió para contarme qué ocurrió después. Al poco de mi marcha, fue otra amiga suya a visitarla. Al principio todo tranquilo, pero Jacinta, de nuevo, se puso en su línea.

La cosa se fue complicando, y terminaron Lucía y su amiga enfrascadas en una discusión.

No te lo vas a creer me contaba Lucía, Jacinta consiguió ponernos tan tensas que casi acabamos a gritos. Yo nunca había pasado algo así

Por fin comprendí de verdad lo que significa ese término, toxicidad. Jacinta encaja perfectamente. Con ella, una discusión brota de la nada. Todo el bloque la conoce y nadie quiere entablar amistad. Solo Lucía le soporta sus cosas.

Pero veo que ahora Lucía va dándose cuenta del asunto. Me lo explicaba así:

Mira, Helena y yo éramos uña y carne. ¡Años compartidos, mil historias juntas! Y resulta que Jacinta es experta en generar malentendidos, en meter cizaña Nos peleábamos por tonterías. Hablando después con Helena, me confesó que se sentía como si nos hubiesen hechizado. ¿Te lo puedes creer? Nos volvió locas por un rato.

Por fin Lucía entendió el fondo del asunto. No merece la pena esforzarse por relacionarse con todo el mundo. Es mejor evitar, si puedes, a ciertas personas. Yo, por mi parte, valoro aún más vivir donde vivo, porque en mi comunidad todos los vecinos son gente tranquila.

Tiempo después Lucía me informó de que Jacinta se había mudado. El piso está ahora en venta y ella vive con su hija. Por lo visto, por líos familiares. En la escalera ahora reina la paz. Así es la vida solo una persona puede amargar la convivencia de todos en el edificio.

El ambiente lo es todo. De corazón, deseo que todos tengáis buenos familiares y vecinos normales. Bastante tenemos que lidiar con la vida como para andar regalando nuestras energías a quien no corresponde. Qué lección más necesaria.

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