El comportamiento de la sobrina se convirtió en una fuente de preocupación para la familia, ya que sus padres la han consentido tanto que ella se cree una princesa y trata a todos los que la rodean como si fueran sus sirvientes. La situación se agravó porque está a punto de empezar el colegio, pero sigue confiando en poder contar sólo con los dedos de las manos.
El problema comenzó desde su nacimiento, cuando todos los miembros de la familia se sintieron obligados a colaborar en su crianza. La suegra incluso se mudó al ya pequeño piso de su hijo en Madrid para ayudar con la recién nacida. Lamentablemente, en lugar de ofrecer una orientación adecuada, los adultos cumplían todos los caprichos de la niña, enseñándole que, con lágrimas y gritos, podría conseguir cualquier cosa que deseara.
A los seis meses, la niña ya había aprendido a manipular a los adultos a su alrededor. Esto provocó desorden constante en casa y una falta de atención hacia el bienestar de los demás miembros de la familia. Desesperado, el hijo decidió marcharse, pero, aun después del divorcio, siguió colmando a su hija de vestidos, cosméticos y zapatos, dándole todo lo que quería como si realmente fuera una princesa. Cualquier intento de los demás, incluyendo a los profesores de su guardería, por llamar la atención sobre ese comportamiento y ayudarla a tocar tierra, resultaba en discusiones y enfrentamientos.
La educación de la sobrina giraba tanto en torno a su fantasía de princesa, que no mostraba interés por aprender ni por adquirir las habilidades básicas. Ahora que está a punto de comenzar primero de primaria, aún recurre a los dedos de las manos para contar y no posee los conocimientos mínimos habituales en otros niños de su edad. Sus padres han adoptado una filosofía de crianza basada en dejar que la niña tome sus propias decisiones sin ningún límite. Sin embargo, su futura profesora considera que es importante que la niña tenga una actitud más humilde y que aprenda lo básico para relacionarse correctamente con los adultos.
Agotados ante el comportamiento de la niña y su falta de modales, los abuelos y otros cuidadores decidieron limitar la relación con ella para preservar su propio bienestar mental. Opinan que los padres deben asumir la responsabilidad de su educación y enseñarle valores esenciales y principios para la vida.
Al final, lo esencial es recordar que el amor sin límites razonables puede hacer más daño que bien. Enseñar humildad, respeto y esfuerzo a tiempo permitirá que los niños crezcan de verdad, porque quien vive creyendo que es príncipe o princesa, sin aprender a convivir y luchar por sí mismo, terminará sintiéndose solo en su propio palacio imaginario.






