Un amigo mío que se llama Ignacio siempre quiso vivir cómodamente a costa de otra persona. Se esforzó mucho por conquistar a una chica de familia adinerada. Yo veía claramente que no la amaba y que nada bueno iba a salir de ese matrimonio. Pero el tipo estaba convencido de que una esposa rica sería la clave de una vida tranquila y sin preocupaciones. Uno podría creerle si ella supiera realmente ganar dinero por sí misma. Resulta que la familia de la chica solo era rica gracias a su madre, que tenía varias tiendas importantes en el centro de Madrid.
Intenté razonar con mi amigo:
¿De verdad crees que van a mantener a alguien que no hace nada? Lo mejor sería que fueras independiente y tuvieras tu propio trabajo.
Venga hombre, no te preocupes. Además, vamos a tener un niño. Tienen toda la confianza puesta en mí decía Ignacio, muy convencido.
No lograba entenderle. No era justo hacerle eso a su pareja. Simplemente no era ético. Un hombre debe ser capaz de trabajar y sostener a su familia.
Pasó el tiempo y quise saber cómo le iban las cosas. Le pregunté en qué trabajaba. Resultó que ni él ni su mujer hacían nada aparte de estar en casa todo el día. Se pasaban las horas jugando con la consola, viendo series o durmiendo. Era la madre de ella quien los mantenía. Reconozco que sentí cierta envidia: Ignacio había conseguido lo que tanto deseó.
La madre de mi mujer es muy rica, nunca necesitaremos un trabajo alardeaba feliz, presumiendo de su buena vida.
Quizás todo habría seguido así mucho tiempo, pero la empresa empezó a tener problemas y los ingresos bajaron considerablemente. La madre se vio obligada a darles trabajo tanto a su hija como a Ignacio.
Había pasado un mes desde que nos vimos por última vez. De repente, me llama Ignacio, apurado, y me pide que le preste cinco mil euros por dos semanas.
Estoy buscando un empleo. Cuando pase la entrevista y me adelanten el sueldo, te devuelvo el dinero. Hemos tocado fondo me confesó, muy agobiado.
Así terminó su vida de despreocupación. Desde entonces, tanto él como su mujer se pusieron a trabajar. Me devolvió el dinero al poco tiempo. Y esa fue toda la historia de la supuesta familia acaudalada. No te puedes apoyar en nadie. Hay que ser autosuficiente y confiar en uno mismo. Solo así puedes sentirte seguro y verdaderamente feliz.







