— «Creo que somos personas modernas.» —propongo vivir juntos, pero con una condición: los gastos 50/50, y las tareas domésticas para ti, porque eres mujer… En ese momento se hizo un silencio. Yo me quedé completamente sorprendida…

Tía, tengo que contarte algo. Resulta que después de medio año de salir con Marcos, llegó ese momento en el que todo parecía de película: te juro, hasta sus manías me parecían entrañables y pensaba que el futuro era puro color de rosa. Era inteligente, tenía buen trabajo, siempre llevaba camisa bien planchada, nos pasábamos los sábados desayunando churros en cafeterías encantadoras, paseando por el Retiro y hablando de pelis nuevas. En serio, creía que éramos el uno para el otro.

Pero, ya sabes, poco a poco empiezas a ver las cosas claras. Yo tenía en mente una relación en la que ambos remamos juntas, y él pues como que buscaba más comodidad que vida en pareja.

La conversación sobre irnos a vivir juntos surgió una noche mientras cenábamos tortilla y ensalada, tan tranquilos. Él servía el vino y, de repente, suelta: Mira, Alicia, esto de moverse entre dos pisos es una tontería. ¿Por qué no nos mudamos a algo más grande cerca del centro?. Yo me ilusioné, llevaba semanas pensando en ello, pero lo que dijo después… Me hizo parar de comer y mirarle como si fuese otra persona.

Eso sí, hablemos claro desde el principio, me dice con voz de comercial, como si firmásemos una hipoteca y no un nuevo hogar. Somos modernos, ¿no? Así que lo suyo es que cada uno tenga su propio dinero y los gastos comunes, mitad y mitad: alquiler, luz, comida… todo 50/50.

Vale, justo lo que yo pensaba, igualdad ante todo.

Pero entonces le pregunté cómo íbamos a repartir las tareas de la casa, suponiendo que sería lo mismo: mitad y mitad.

Marcos se ruborizó un poco y, con esa sonrisa de niño bueno, dice: Bueno, ahí la naturaleza manda. Tú eres mujer, el ambiente hogareño se te da fenomenal. Así que cocina, limpieza, lavar la ropa eso es tu responsabilidad. Yo ayudo cuando quiera, recojo basura, o pongo una estantería si se cae, pero lo gordo es para ti. ¿No te gusta sentirte dueña de tu casa?

Me quedé callada, mirándolo, intentando comprender qué acababa de escuchar.

¿Para qué pagar a alguien por limpiar si tienes una novia?

Y, en vez de discutir, le respondí igual de tranquila.

Marcos, te entiendo, le digo pausadamente. El dinero, todo a medias, perfecto. Pero tú quieres casa de revista: cenitas ricas, camisas blancas, suelos brillando. Y yo, igual que tú, curro todo el día. No me sobran ni fuerzas ni ganas de echar noches fregando y cocinando.

Él se tensó, pero seguía escuchando.

Así que, tengo una propuesta: si todo es a medias, hagámoslo bien. Contratemos a una señora dos veces a la semana para limpiar, planchar y hacer comida base. El gasto lo partimos también. Así nunca habrá problema, y yo puedo decorar el piso, poner mis velas y elegir cortinas.

La cara de Marcos pasó de sorpresa a mala leche, luego a indiferencia. Y yo notaba que calculaba mentalmente el coste, y no le gustaba nada.

¿Meter a alguien extraño en casa? Eso es tirar el dinero. ¿No es difícil prepararle la cena a tu pareja? Eso es cariño, no trabajo.

Cuando mi trabajo doméstico tenía precio, se convertía en amor y vocación. Cocinar era cuidado, pagar la comida era negociable.

Marcos, le digo suave, si yo hago la cena después de ocho horas de trabajo, mientras tú ves series o juegas al ordenador, no es cariño, es explotación. Si vamos a tener cuentas separadas, todo debe ser equitativo. O alternamos las tareas, o pagamos a alguien. Pero no pienso pagar lo mismo y trabajar el doble.

Él se quedó callado. Toda la cena fue pura tensión, y terminó diciendo que tenía que pensarlo.

Al día siguiente ni los buenos días de siempre. En la tarde, mensaje seco diciendo que se quedaba en el curro. Y a los tres días, se esfumó. Ni contestaba llamadas.

Una semana más tarde, me dijeron los amigos comunes: Lo dejó porque eres interesada y poco dedicada. Que solo pienso en el dinero y no soy de casa.

Al principio dolió, no te voy a mentir. Medio año invertido, proyectos, ilusiones Pero después me sentí mejor.

Su fuga fue la respuesta perfecta. No buscaba a mí, buscaba un hogar cálido y cómodo, sin mover un dedo.

Marcos desapareció, ¡y qué alivio! Me busqué a una chica para limpiar mi piso. Vuelvo a casa, preparo una taza de té y pienso: qué felicidad no tener que cuidar a quien no te valora.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

8 − three =

— «Creo que somos personas modernas.» —propongo vivir juntos, pero con una condición: los gastos 50/50, y las tareas domésticas para ti, porque eres mujer… En ese momento se hizo un silencio. Yo me quedé completamente sorprendida…
Rita a su hermana: No es el indicado para ti, a mí me conviene más. Anulemos la boda.