Hemos decidido vender el piso de mi abuelo, pero nunca imaginamos que su espíritu reaccionaría de esta manera

Resulta difícil imaginar lo que sucedió con mi familia si no lo hubiésemos vivido en carne propia. Todo empezó hace seis meses, cuando falleció mi querido abuelo, dejándonos un piso precioso en pleno centro de Madrid. Tras pasar el luto durante un mes, mi familia y yo decidimos limpiar el piso y prepararlo para ponerlo a la venta. Durante el día, empaquetamos sus pertenencias en bolsas grandes, tratando de hacerlo todo con cuidado y respeto.

Ya entrada la tarde, todos volvimos a casa, pero mi hermano Rodrigo decidió quedarse a dormir en el piso esa noche. Serían las seis de la mañana cuando me llamó, con la voz temblorosa de miedo, pidiéndome que fuera cuanto antes. Salí corriendo, sin pensar dos veces. Al llegar, vi el rostro desencajado de mi hermano, pálido como nunca. Se oían pasos en la habitación, aunque nadie parecía estar allí. El ambiente era tan inquietante que noté cómo se me erizaba la piel. El miedo nos dominó y salimos corriendo del piso lo más rápido posible.

Nos costó casi media hora reunir fuerzas y regresar. Para nuestra sorpresa, al volver, todas las cosas de mi abuelo estaban colocadas meticulosamente en sus sitios habituales, como si nada hubiese pasado. Sentí alivio y desasosiego a la vez. Después de aquel episodio, decidimos no volver al piso y dejamos todo en manos de la agencia inmobiliaria. Por suerte, los nuevos inquilinos no han tenido ningún problema tras la compra. Sin embargo, el recuerdo de aquella noche sigue poniéndome los pelos de punta cada vez que lo pienso.

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