Hay gente que cuando viene de visita olvida, milagrosamente, que son invitados. Se comportan como si estuvieran en casa, te dicen cómo deberías tener los cojines y jamás parecen tener prisa para irse.
Yo era la anfitriona perfecta, la reina de la hospitalidad, hasta que me llegó la crisis de los cuarenta y se acabó el chollo. Decidí que nunca más invitaría gente a casa porque, francamente, hay visitas que te pueden desesperar.
Mi última fiesta de cumpleaños la celebré en un restaurante del centro de Madrid. Fue una maravilla y desde entonces hago lo mismo. Ahora mismo te explico por qué.
Montar una fiesta en casa no sale barato, créeme. Para una simple cena de amigos, acabas vaciando la cartera y, si encima preparas una reunión navideña, ya ni te cuento: como mínimo, te dejas medio sueldo en jamón ibérico, turrón y Rioja. Los invitados traen regalitos de compromiso (que parecen pensados en el último minuto, porque la cosa está achuchada), y luego se quedan hasta las tantas. Cuando todo termina, mi única meta sería relajarme, no ponerme a fregar montañas de platos y recoger cada canapé que han dejado tirado por ahí.
Así que, desde hace tiempo, nadie cruza mi umbral como invitado de larga duración. Barro el piso cuando me da la gana, cocino si me apetece y, en Navidad, en vez de quedarme exhausta y triste por una fiesta casera, me hago un baño, como polvorones tranquila y a la cama a las diez como una señora.
Ahora tengo más tiempo libre que nunca, y lo aprovecho con sabiduría. Si alguna amiga se pasa por mi casa para un té, bien, pero si no tengo pastas, tampoco me preocupo. Y si se ponen demasiado cómodas, señalo la puerta con una sonrisalo sé, no parece lo más refinado, pero mi bienestar va por delante de la cortesía social.
Lo más gracioso (o triste, según el día) es que los que adoran ir a casa de los demás jamás te invitan al suyo. Se lo pasan pipa sin tener que limpiar ni cocinar: todo ventajas. La casa ajena, el reino del aprovechado.
¿Tú aún recibes invitados? ¿Te consideras de verdad hospitalario, o ya te has pasado al club de los reservados como yo?







