Cuando regresé del Mercado, en el banco frente al portal estaba sentado un hombre al que nunca había visto.

Al regresar del supermercado, me encuentro con un hombre sentado en el banco frente al portal de mi edificio. Nunca lo he visto antes.
Sostiene un sobre antiguo de color marrón entre las manos.
Me mira en cuanto me acerco.
¿Es usted Rocío?
Me detengo.
La bolsa de la compra se golpea ligeramente contra mi rodilla.
Sí… ¿por qué?
El hombre se levanta despacio.
Tiene unos cincuenta años, el pelo salpicado de canas y unos ojos cansados.
Llevo buscándola dos días.
El corazón se me encoge.
¿Por qué?
Me entrega el sobre.
Esto debe estar en sus manos.
El sobre pesa.
Lo abro con cuidado.
Dentro encuentro una fotografía vieja.
Soy yo.
Mucho más joven.
Estoy en una parada de autobús de Madrid, con un libro en la mano y la mochila al hombro.
Recuerdo ese día.
Fue hace casi veinte años.
¿De dónde ha sacado esto? pregunto.
El hombre sonríe con tristeza.
De mi hermano.
El estómago se me encoge.
Yo no tengo hermano.
No… no el suyo.
Señala la foto.
Mi hermano la fotografió.
Me siento en el banco porque de repente me mareo.
¿Por qué?
Porque estaba enamorado de usted en aquella época.
Se hace el silencio.
Desde la calle llega el ruido de los coches y el ladrido lejano de un perro.
Nunca lo he visto digo en voz baja.
Sí lo ha visto.
¿Cuándo?
El hombre se sienta a mi lado.
Él estaba cada mañana en la misma parada.
Intento recordar.
Mañanas frías.
Gente con café en vaso de cartón.
Autobuses.
¿Había un hombre con chaqueta oscura y una cámara de fotos? pregunta.
Entonces lo recuerdo.
Un hombre que siempre permanecía a cierta distancia.
A veces leía el periódico.
A veces solo observaba a la gente.
Sí… susurro.
El hombre asiente.
Ese era él.
Vuelvo a mirar la foto.
¿Por qué me la da justo ahora?
Guarda silencio un instante.
Porque mi hermano falleció la semana pasada.
Aprieto la fotografía entre mis manos.
¿Y esto es lo que ha dejado?
Sí.
Saca algo más del sobre.
Una pequeña nota.
La despliego.
La letra es cuidadosa.
Si alguna vez la encuentras, dile que fue lo más hermoso que vi cada mañana.
Se me llenan los ojos de lágrimas.
A veces pasamos junto a personas que cambian nuestra vida.
Sin saberlo.
Sin recordarlas.
Miro al hombre a mi lado.
¿Por qué nunca me habló?
Él sonríe tristemente.
Porque pensaba que eras demasiado feliz como para importunarte.
La pausa es larga.
Sujeto la foto y trato de recordar su rostro.
Pero no puedo.
Y a veces lo más sorprendente es descubrir que eres el recuerdo de alguien…
sin haberlo sabido nunca.
Dímelo sinceramente…
Si supieras que alguien pensó en ti durante años, sin decírtelo, ¿te habría gustado saberlo antes?

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Cuando regresé del Mercado, en el banco frente al portal estaba sentado un hombre al que nunca había visto.
Cuando esa noche salí a la calle, no sabía adónde me llevaría el camino. Mi maleta parecía pesada como si estuviera llena de piedras, pero la abrazaba como si llevara mi libertad dentro.