A medida que envejeces, te invade esa pereza para asearte…
Esta es una historia que escucho bastante a menudo.
No la niego, simplemente la cuento.
En verdad, cuando vas cumpliendo más años, resulta complicado realizar muchas cosas cotidianas. Levantarse de la cama por la mañana, cepillarse los dientes otra vez, prepararse un desayuno decente. Incluso lavar la ropa. Nos volvemos perezosos para casi todo. No somos gente especialmente trabajadora.
Sin embargo, existen ciertas normas y costumbres que debemos seguir, queramos o no. No tenemos el derecho de dejar de lavarnos, de no cepillarnos los dientes, de no limpiar nuestra cara o nuestras prendas. ¿Por qué? Porque vivimos en una sociedad y debemos respetar sus reglas.
Claro, no pasa nada si la ropa no va a la última moda. Lo realmente importante es que esté limpia y no huela a sudor, que no haya señales de que llevas puesta la chaqueta desde hace dos semanas.
El pelo puede estar canoso, porque gastar la pensión en tinte sin sentido no merece la pena. Para muchos, un champú barato es más que suficiente. Así que el pelo debe lavarse por supuesto. Igual ocurre con la cara. Quizás el maquillaje no convenga a cierta edad, pero la higiene sí.
En las manos, una crema hidratante; en las axilas, el desodorante más económico; para los zapatos, bicarbonato, que elimina los olores. Si el cuerpo te huele mal, el bicarbonato también sirve.
Si miras las cosas así, el asunto es sencillo. Nos gusta ser perezosos y justificamos el mal olortanto físico como moraldiciendo que somos mayores, que hemos jubilado, o que no tenemos dinero. Pero no hace falta mucho dinero para estar limpio.
Así que, tengas la edad que tengas, hay que seguir siendo persona y cuidar de uno mismo. Esa es mi opinión personal.






