Mira, te voy a contar algo que le pasó a una amiga mía hace unos años, cuando acababa de cumplir 25. Era joven, delgadita y, la verdad, guapísima. Encontró trabajo en una agencia de viajes aquí en Madrid, y allí empezó a salir con el director.
El hombre tenía ya más de 40, estaba casado y tenía dos hijos. Le alquiló un piso en el barrio de Salamanca y le regalaba cosas caras, relojes, bolsos… Duraron como un año juntos.
Ella sabía perfectamente que él tenía familia, y que no quería divorciarse. Pero, por cosas de la vida, él empezó a plantearse que quizás era hora de romper con su mujer. Y la esposa, claro, ya sospechaba algo. Él mismo decía que la mujer percibía que algo raro pasaba, pero jamás le montó un escándalo. Ella no revisaba sus bolsillos, ni su móvil, ni le gritaba. Era tranquila, nunca le soltó una palabra de reproche.
Eso le hacía sentir a él fatal. Su esposa era cariñosa, dulce y atenta. Empezó a fijarse más en ella, a cuidarla, y hasta se apuntó al gimnasio y se cambió el color de pelo. Y, fíjate, unos meses después, cuando la pasión entre mi amiga y el director se fue apagando, la esposa empezó a trabajar en la agencia, como jefa de contabilidad. Mi amiga tenía miedo de ir a recoger su sueldo, pensando que en cualquier momento saltaba todo por los aires, pero la mujer fue siempre correcta y amable.
Con el tiempo, el director empezó a mostrarse frío con mi amiga, y ella, desesperada, empezó a soltarle comentarios desagradables. Pero la esposa, con su saber estar, era puro encanto. Poco a poco, la relación entre mi amiga y el director se fue a pique, y él prefería quedarse en casa con su familia. El punto de inflexión llegó cuando tuvieron que ir los tres juntos a un viaje de negocios a Barcelona. Mi amiga se comportó fatal durante las reuniones, creyendo que tenía un puesto especial porque era la amante del director.
Al final, ella salió perdiendo. Él le pidió que dejara el piso y le dijo que todo se había acabado entre ellos. Y cuando mi amiga fue al trabajo unos días después, la jefa de contabilidad la llamó y le dijo que ya no la necesitaban.
Hasta hoy, mi amiga confiesa que lo único que desearía es olvidar esa historia, pero aún le impresiona el comportamiento de la esposa, a la que sigue admirando.
La mujer demostró tener muchísima sabiduría y temple. Se comportó de tal forma que su marido terminó por enamorarse de nuevo de ella, y ahora la adora. Pero nadie sabe cuánto le costó, cuántas lágrimas derramó, ni cuánto sufrió. Logró reunir fuerzas, esperó a que la miel de la aventura se agotara y entonces dio el paso justo. Así actúa una mujer inteligente.
¿Y cómo actúan la mayoría de las demás? El noventa por ciento se pelea, se enfada, vigilan al marido y lo amenazan. Y mientras, él está en plena pasión con la otra. ¿A quién va a elegir? ¿A una esposa refunfuñona, o a una amante dulce y comprensiva? Ahora, desde luego, no piensa en que esa criatura encantadora, en unos años, será también una esposa harta como la suya. Ya no piensa con la cabeza.
Y la esposa, ¿cómo lo entiende? Pues claro, sus emociones la traicionan también. Pero la vida demuestra que los que tienen paciencia y actúan con inteligencia, son los que ganan.
Si alguna vez te encuentras con que tu marido te engaña y lo primero que te sale es arañar a la otra, intenta ser fuerte. Tranquilízate y piensa, porque quizás aún hay una oportunidad de que vuelva a ti. Ponte en forma, ve al centro de belleza, habla con un buen psicólogo, cámbiate de look en la pelu. Apúntate a cursos, aprende algo nuevo. Prueba clases de baile, busca un trabajo interesante o cámbiate de empleo. Empieza a quererte y respetarte, que es lo más importante.







