No andaba buscando mi “primer amor”, tengo 62 años… — pero cuando una de mis antiguas alumnas me hizo una entrevista, descubrí que él me había estado buscando durante 40 años… Y eso solo era el principio… con el tiempo, descubrí su verdadero pasado: él había perdido el habla…

No andaba yo buscando mi primer amor, a mis 62 años Pero cuando una de mis alumnas me pidió hacerme una entrevista, descubrí que él llevaba 40 años buscándome Y eso era solo el aperitivo. Con el tiempo, saqué a la luz su verdadero pasado¡el hombre tenía más historia que el Museo del Prado!

Llevo cuatro décadas enseñando literatura en un instituto en Salamanca. La rutina es inmutable: turnos de vigilancia en el pasillo, Cervantes, té templado y montañas de redacciones que amenazan con desplomarse sobre mi escritorio.

Cada diciembre encargo a mis alumnos el mismo trabajo: «Entrevista a una persona mayor sobre su recuerdo navideño más especial». A las criaturas siempre les parece un acto de tortura medieval.

Este año, la tranquila Lucía me abordó al final de clase.

Señorita Carmen, ¿puedo hacerle yo a usted la entrevista? dijo sujetando tímidamente la hoja del ejercicio.

No pude evitar reírme:
Ay, hija, mis recuerdos son más planos que la llanura manchega. Pregunta a tu abuela o dale la lata al vecino del quinto, que seguro que tiene anécdotas de la movida madrileña

Pero Lucía, cabezota como buena castellana, repitió:
Quiero entrevistarla a usted.

Al final, cedí:
Bueno, vale. Pero si me preguntas por el roscón de Reyes, me oyes renegar.
Trato hecho sonrió cómplice.

Nostalgia en vena

Al día siguiente, allí estaba ella, sentada frente a mí en el aula vacía, moviéndose en la silla con esa mezcla de nervios y expectación adolescente.

Empezó suave:
¿Cómo eran las Navidades cuando usted era niña?

Le conté lo del turrón duro que me partió un diente de leche, cómo mi padre ponía villancicos a todo trapo en el tocadiscos y aquel año que el árbol de Navidad decidió hacer huelga y se quedó inclinado hasta Reyes.

¿Puedo ponerme un poco más personal?

Ahí me preguntó si alguna vez había tenido un amor navideño. Noté cómo me rebotaba el pasado en la cara.

Con él. Se llamaba Álvaro. Éramos jóvenes, ilusionados y no teníamos ni idea de la vida adulta.

Cuarenta años de búsqueda

Días después, Lucía me abordó agitando el móvil como si hubiera descubierto el santo grial.
¡Señorita Carmen, creo que lo he encontrado!

¿A quién?
Su cara era un poema. Me enseñó la pantalla: «Busco a la chica a la que amé hace 40 años en Salamanca». Por poco se me cae el alma a los pies.

La foto que lo acompañaba era yo, con 17 años y un abrigo azul que era más feo que pegarle a un padre, con el diente torcido de entonces.

¿Le escribo? preguntó con los ojos brillando como farolas en noche de niebla.

No me salían las palabras. Cuando accedí, sentí un cosquilleo en el estómago que no sentía desde que España ganó el Mundial.

Al final, intercambiamos mensajes y acordamos citarnos en una cafetería de la Plaza Mayor. Elegí una ropa sencilla, de las que te hacen sentir tú, aunque tengas las rodillas que chirrían más que una puerta vieja.

Una cita de otra época

Cuando le vi, supe que los años no pasan en balde, pero sus ojos seguían igual, cálidos e intensos. Carmen dijo, y por unos segundos, la Puerta de Alcalá podría haber desaparecido que no me habría dado cuenta.

Charlamos, viajando entre recuerdos que sabían a polvorón y confidencias. Compartimos nuestras vidas, y que aunque el tiempo nos había llevado por caminos distintos, el uno al otro seguíamos en la memoria, como el estribillo de una buena canción de Serrat.

Todos estos años, sigues siendo especial confesó.

Por primera vez en mucho tiempo sentí que la esperanza es como un buen vino, mejora con los años. Quizá entonces no fue posible, pero ahora la vida nos regalaba la oportunidad de reescribir nuestra propia novela.

Epílogo

Las vueltas que da la vida Encontrarme con Álvaro me enseñó que siempre hay espacio para nuevas ilusiones. ¿No es esa la verdadera magia de vivirque nunca es tarde para empezar de cero? Ahora sí, estoy lista para lo que venga. Con ganas. Y con una sonrisa que ni la Lotería de Navidad.

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No andaba buscando mi “primer amor”, tengo 62 años… — pero cuando una de mis antiguas alumnas me hizo una entrevista, descubrí que él me había estado buscando durante 40 años… Y eso solo era el principio… con el tiempo, descubrí su verdadero pasado: él había perdido el habla…
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