Conversación con una desconocida

Estoy ahí, quitando la escarcha del portal, ya sabes, esa nieve que cae en Madrid por sorpresa y lo pone todo perdido. De repente me vibra el móvil en el bolsillo. Me da una pereza tremenda contestar, porque si paro ahora, ya no vuelvo a empezar, y motivación, la verdad, tengo poca hoy. Han caído al menos quince centímetros esta noche, un desastre. Pienso: Mira, si es importante, ya volverán a llamar.

¿Pero quién será tan pesado a estas horas?, me digo.

A la quinta llamada seguida, al final descuelgo, pero sólo porque ya me tienen frito y quiero soltarles un par de verdades al que sea que me está dando la paliza. El número, por supuesto, ni lo conozco.

Sin embargo, no me da tiempo a desahogarme. Me cortan antes.

¡Hombre, Víctor! Soy Raquel. ¿Por qué no has cogido el teléfono antes?

Intento recordar si conozco alguna Raquel. El acento ni me suena.

Buenas, le digo así, por si acaso, nunca se sabe , tenía las manos ocupadas. Estoy quitando nieve en la entrada.

Ya, perdona por insistir, pero es que verás No sé ni cómo empezar Verás, ese compañero tuyo del instituto, Rodrigo, ¿es tonto perdido o qué?

Yo estoy a punto de decirle que no tengo ningún Rodrigo de compañero de clase, ni tuve jamás a nadie con ese nombre, pero otra vez no me deja terminar.

Tienes que ver lo que me hace ese cenutrio. Se me ha metido en todas las redes sociales con nombres diferentes, ha conseguido mi número no sé de dónde y no para de llamarme. Y encima soltando barbaridades Pero unas cosas que ni te cuento. Me muero de vergüenza solo de recordarlo. ¡Fíjate! Lo primero que me preguntó, y no es broma, fue qué tipo de bragas uso: si son de encaje, de qué color, de qué forma, cuántas veces las cambio al día… Como si tuviera confianza con él. Le he visto solo una vez en mi vida y parece que tengo que contarle mis secretos íntimos, como que me gustan las negras de encaje y odio las tangas porque te dejan hecha polvo ahí abajo. ¿Tú te imaginas? ¿Cómo le cuentas eso a un desconocido? ¡Me muero de la vergüenza!

Madre mía Ese tío está fatal de la cabeza, le digo yo, aguantándome la risa como puedo.

No te quepa la menor duda. Menos mal que tú eres de los pocos cuerdos que conozco. Y espera, que no has oído lo peor…

No me digas ¿que le dio por preguntarte también por eso? le comento con segundas, porque me lo estoy pasando en grande ya.

¡Víctor, eres lo más! ¡Mira que lo has clavado! ¡Pues sí! Venga que si me gusta más suave o fuerte, si me van los juegos de rol, el preámbulo, si prefiero intensidad Vamos, que no paraba de preguntar y preguntar. ¿Tú crees que esperaba que le contase todo el catálogo de preferencias, el tío lerdo?

¿Pero tú qué crees que quería?

¡Pues que le soltara que me chiflan las manos y los glúteos de los hombres, que adoro los besos largos y por todas partes, que me derrito con palabras bonitas, que prefiero la postura de amazona, que el sexo con la luz encendida es lo mío y no soporto las guarrerías raras!

Pero tú no le soltaste todo eso, ¿no?

¡Ni loca! ¿Te crees que soy de esas que cuentan sus intimidades al primero que pasa? ¡Que le den! ¿De dónde sale esta fauna, Víctor? Y escucha, que también quería saber cuándo me viene la regla. ¡Flipas! Seguro piensa que en cada ciclo pongo anuncios en los grupos de WhatsApp de Madrid: Por favor, no molesten del día tal al día cual, estaré de mala leche. ¿Pero a qué va preguntando esas cosas?

¿A qué?

A que me le tire a los brazos nada más verlo.

¿Está completamente mal de la cabeza o qué?

Oigo cómo se ríe a carcajadas.

Lo que necesita ese es una temporada encerrado. ¡Y mira con qué coche aparece! ¿Te imaginas?

¿Cuál?

Una Ford Sierra antiquísima, que tiene más de veinte años. ¿Tú crees que una chica decente se va a subir a ese trasto?

A estas alturas casi no puedo aguantarme la risa.

Pero vamos, que tú no te subiste en ese cacharro, ¿no?

¡Víctor, eres un crack! Te adoro, de verdad. Bueno, me voy corriendo, que acaba de llegar mi marido del trabajo y me toca cumplir como esposa. Te llamo más tarde y seguimos rajando. ¡Eres un fenómeno, Víctor!

Y cuelga de golpe.

Tres días sin señales de vida. Al final, aburrido, le devuelvo la llamada sólo por las risas.

Y sale una voz grabada diciendo:
«El número marcado no existe».

¿Quién narices era esa?
¿Qué fue todo eso?

No conozco a ninguna Raquel. Ni a ningún Rodrigo.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

twenty − 12 =