Miguel, es tu hora. Te aconsejaría que fueras al médico, a que te miraran el corazón.
¿Y qué le pasa a mi corazón?
Me da la sensación de que no tienes uno.
Parecía todo un enigma onírico para Chuche, por qué la puerta del portal, la misma por la que tantas veces había vuelto a casa tras cada paseo, estaba cerrada de repente. Allí estaba, sentado frente a la madera desconchada y marrón.
«¿Quizá me haya equivocado de puerta?» caviló. «¡No!», se contestó con convicción. El olor le decía que era esa.
Solo tenía que esperar un poco más y seguro que el dueño recordaría por qué lo había llevado en coche al bosque y lo había dejado allí. Todo parte del juego. Pero él había encontrado la casa. Ahora sólo quedaba esperar.
Empezó a nevar. Las patas de Chuche se helaban más a cada minuto. Su cuerpo temblaba, la pelusa no servía de escudo.
«Lo importante es no pensar en el hambre. Pronto me verán, se alegrarán. Me darán un buen hueso jugoso»
El pequeño perro, temblando, se movió hacia un montón de nieve, y comenzó a comerla. La nieve se derretía en su boca, la sed se apagaba algo, pero el frío se agudizaba. Y, realmente, ¿qué más daba?
Pronto le dejarían entrar, podría tumbarse junto al enorme y blanco radiador. Luego, el hueso. Y el caldo. Después, gruñirles a todos. Sabía que solo era un juego. Le estaban entrenando.
Había buscado su portal por varias noches. La anterior se coló en la puerta abierta del portal, calentándose un poco. Por la mañana, se había despertado con una patada del barrendero. Lloriqueó. Ni fuerzas para morderle le quedaban.
La gente era rara. Con correa, paseando con el dueño, todos le sonreían, le saludaban. Solo, miradas de odio, una patada. Ahora le dolía el costado.
Chuche miraba la puerta del portal. Nadie salía ni entraba. Empezó a gimotear. En sus pensamientos ya estaba saciado y en calor.
Solo necesitaba esperar un poco más. Un poquito.
La ventisca arreció. Chuche apenas sentía las patas. Se hizo un ovillo en el suelo. Poco a poco su conciencia se diluía, flotaba lejos. Había cumplido su tarea. Sí, había sido difícil, pero había encontrado su portal. Era un campeón. Mejor dormir un rato
Don Víctor Manuel estaba solo en su piso. Tenía muchísimas cosas que hacer: mirar la tele, tomarse té, otra vez tele, otro té, dormir, y otro té más
No quedaban más tareas ese día. Es más, diría que ese era el plan para los próximos diez años. Antes, ¡aquello sí era vida!
Conductor de Cercanías. Llevaba a la gente desde los arrabales al mismísimo corazón de Madrid. Era parte del torrente sanguíneo de la ciudad. Y lo más importante, era necesario.
No pasa nada se tranquilizaba, pronto será primavera. Plantaré los tomates. Pronto empieza la temporada de la huerta. Un poco más y habré pasado el invierno.
Fue a la cocina, puso la tetera al fuego. Antes, ese sonido era excusa para charlar, refunfuñar con alguien. Ahora, sentía como si le hubieran engañado, como si se hubieran ido deprisa, dejándole solo.
La tetera pitó. Abrió el armario para coger el té. No había. Bueno, sí, estaba la cajita, pero vacía.
¡Vaya hombre! Se acabó. Habrá que ir al super pensó con entusiasmo. Se vistió rápido y salió del piso.
En el portal la bombilla se había fundido, o tal vez la habían robado. «Habrá que poner otra al volver» pensó.
Abrió la puerta y al ir a salir, tropezó con algo y casi cayó.
¡Mecachis en la mar! murmuró. Era un perro cubierto de nieve. Tan congelado que ni la nieve se derretía en su lomo.
¡Chuche! reconoció a la mascota del vecino.
Chuche, ¿qué te pasa? Espera, voy a avisar a tus dueños corrió al telefonillo y marcó el piso de los vecinos. Nadie contestó. Probó con otros vecinos. Por fin, le contestaron.
Soy el vecino. ¿Saben algo de los del 4º izquierda? ¡Aquí está su perro medio congelado!
Ah, se han ido. Los del divorcio, ¿sabe? El piso está en venta.
Vaya tela. Gracias
Don Víctor Manuel se quitó el abrigo. Lo dejó junto al perro. Con cuidado le sacudió la nieve y puso a Chuche sobre el abrigo. Parecía que ni respiraba.
¡Por dios bendito! ¡Chuche, respira!
Lo arrastró al portal, junto al radiador. Le acarició el pelo helado. Llamó a la primera puerta. Una vecina, Doña Inés, abrió.
Don Víctor, ¿qué ocurre?
Inés, el perro Por favor, busca una clínica veterinaria y pide un taxi.
¿Hola, Elena?
¿Quién es?
El vecino del 7º, Víctor Manuel. Inés me ha dado su teléfono.
Ah, sí, dígame, Víctor Manuel.
Es por Chuche.
Eso es cosa de Miguel. Yo no quería nunca ese perro bobo.
Hm Lo llevamos ya al veterinario
Mire, ese espantajo nunca pudo ni pagar la hipoteca Y va y compra ese perro. ¿Sabe que llevo años manteniendo yo a la familia? Le pedí que se deshiciera del chucho, y ni eso pudo. Adiós.
¿Miguel? Soy Víctor Manuel, tu ex vecino. ¡Chuche volvió a casa!
Se equivoca. Nuestro Chuche se perdió en el bosque.
Seguro que es él.
Im-posible
Entiendo No se puede tratar así a un perro.
No le entiendo.
Sí que me entiendes. Me alegro de no tener vecinos como vos.
Varios meses después, Chuche tenía nuevo hogar. Las puntas de las orejas, perdidas; dos patas, aún doloridas. Pero se había adaptado.
Chuche se dio cuenta de que aquello no fue un juego. Bueno, sí, pero uno de adultos en el que le mandaron «muere» de verdad.
También entendió que ahora tenía nuevo amo. Salían a pasear tres veces al día. El hombre era mayor, y para que no se pegara a la tele, Chuche lo sacaba a correr.
«Qué raros son los humanos. Los otros reían pero casi me matan. Este gruñe siempre, refunfuña, pero es bueno, cuida. Yo no soy tonto: a aquellos les mordía, a este, le quiero.»
Llamaron a la puerta de Víctor Manuel.
Don Víctor, soy Miguel, ahora vivo con una mujer, tiene hija, la niña quiere un perro. ¿Se lo devuelvo le parece? Lo siento por todo. ¿Cuánto le debo por el veterinario?
Miguel, no te entiendo.
Las cosas salieron así Ganaba poco dinero y
Al perro le da igual lo que ganes Chuche se perdió en el bosque.
Pero si ahí está, en el colchón.
Ese es Norris, tú perdiste a Chuche.
Chuche, ¡ven!
El perro seguía tumbado como si nada. Solo enseñaba los dientes.
Miguel, es tu hora. Te aconsejaría que fueras al médico, a ver si te queda corazón.
¿Y qué pasa con mi corazón?
Me parece que no tienes.
Y tú, ¿qué opinas? Déjalo escrito y dale al me gusta.







