Amiga Imaginaria
Alrededor de Inés llevan ya tres días revoloteando un montón de alumnos. La niña se ha hecho famosa en todo el colegio por su capacidad de adivinar el futuro y por ser una auténtica psicóloga. Todos quieren una pizca de su sabiduría. La esperan a la salida del baño, se sientan junto a ella en el comedor, le llevan caramelos, cuadernos con los deberes y otros obsequios, aunque ella, curiosamente, siempre los rechaza.
Me gusta Samuel, el de 5º B. ¿Tú crees que podríamos casarnos algún día? preguntaba con aire soñador la compañera de clase, Carmen.
No te lo aconsejo. Samuel parece un buen chico, pero siempre se está hurgando la nariz y luego se come lo que saca. Lo de la comida, desde luego, no va a ser un problema con él, pero poco más. Así va a entretenerse toda la vida respondió Inés, masticando un rosco y sorbiendo el té.
¡Puaj! ¡Qué asco! ¿Y Jaime? Él saca buenas notas y está aprendiendo a tocar la guitarra insistió Carmen, de nuevo con una sonrisa soñadora.
Jaime se dedica a atormentar a los gatos del barrio. Les ata una lata a la cola y los persigue por la plaza. Va a ser cruel, y ya verás que acabará bebiendo.
¿Y eso por qué lo piensas?
Dime, ¿has conocido algún guitarrista que no beba? Además, todavía es muy pronto para preocuparse por eso, disfruta de la vida, que los chicos no se van a ir a ningún lado. Mejor dedica tiempo a mejorar en matemáticas y deja de morderte las uñas, que te van a salir lombrices.
No tengo amigos. Todos me llaman gordito y nunca me invitan a nada se quejaba Luis, de 4º C, apartando con fuerza a la enamorada de 5º para dejar sitio en el banco.
El miércoles abren las inscripciones para lucha. Puedes apuntarte en el despacho de educación física. No vas a adelgazar mucho, pero por lo menos dejarán de meterse contigo. Por cierto, no empujes así a la que será tu futura esposa.
Inés se levantó, cogió su bandeja y se acercó al fregadero.
Inés, ¿tú crees que debería sacarme el carné de conducir este año o el que viene? preguntó la profesora de geografía, Marisa, como si nada.
María Jesús, para sacarse el carné hay que tener coche, y el único que tienes es el viejo Seat Ibiza de tu padre. ¿Ves la diferencia?
C-creo que sí
Inés puso los ojos en blanco y, lavándose las manos, continuó:
Vende ese trasto, usa el dinero para comprarte una bici y unas mallas, que en dos meses te van a estar llevando y trayendo al trabajo igual. Y ya que estamos, mejor píllate una hipoteca: ahora mismo los intereses están suaves, y con 35 años ya no toca vivir con los padres. Yo te lo digo como alguien que sabe.
La profesora la siguió boquiabierta mientras Inés regresaba a su clase de tecnología.
En menos de cuarenta minutos, mientras sus compañeras aprendían a usar la regla de patronaje y a enhebrar la aguja de la máquina, Inés zurció unos pantalones, entalló una falda y tejió al ganchillo un par de calcetines, que regaló a la profesora de tecnología, diciendo que es importante que las embarazadas lleven los pies calientes. La profesora pidió permiso para salir y se fue directa a la farmacia a por un test de embarazo. Al día siguiente, toda la clase comió una deliciosa tarta de chocolate como agradecimiento de la profesora a Inés.
En casa, la niña también estaba rara. Regañó a su madre por comprar carne picada industrial y ella misma preparó empanadillas. Por la noche, en vez de ver vídeos de YouTube, se puso a leer Los tres mosqueteros y se pasaba el rato susurrando cosas a alguien invisible. Su padre la miraba discretamente desde el ordenador, e Inés no dudó en comentarle que estaba encorvado y que más le valdría sacudir la alfombra en vez de pasar el rato en páginas poco recomendables de internet.
En el colegio empezaron a circular rumores. Los profesores se alarmaron y pidieron una cita urgente con el psicólogo. Convocaron una sesión extraordinaria durante las clases, a la que acudieron todos los profesores y la directora.
Inés, querida, ¿alguien te hace daño en el colegio? comenzó a preguntar el psicólogo, un hombre de barba moderna y gafas.
Lo que me hace daño es que al colegio le han dado varios millones de euros y lo único que han comprado para el gimnasio es un potro de segunda mano y dos metros de cuerda contestó la niña.
Todos miraron a la directora, que de repente salió de la sala diciendo que tenía una reunión, mientras se deslizaba por la puerta entreabierta.
¿No tienes amigos?
La amistad es un concepto abstracto dijo Inés, jugando con sus trenzas con aire cansado. Hoy juegas al escondite con una amiga, y mañana ella está fregando los platos en tu casa mientras tú haces la declaración de la renta.
¿Pero qué declaración? ¿Qué platos? ¿Quién te cuenta esas cosas?
Mi amiga.
¡Ahí está el problema! ¿Podrías invitarla a venir aquí?
Ya está aquí respondió Inés, tan tranquila, dejando al comité sin palabras.
Pero… nosotros no la vemos. ¿Cómo se llama?
Consuelo Martínez.
Madre mía, ¿y cuántos años tiene?
Setenta.
¿Y qué más te dice?
Que hay que cepillarse los dientes desde la encía, que el perro del patio no es malo, solo está asustado y hambriento, y que no hay que olvidar a la familia. También dice que en los últimos cinco años habéis pagado mal el impuesto de bienes inmuebles, que deberíais ir al Catastro y pedir que os lo recalculen por valor de mercado, porque ahora lo están calculando por el catastral.
El psicólogo tomó buena nota de todo, subrayando dos veces lo último.
Al final, llamaron a los padres por megafonía; estaban ambos trabajando.
¡Un momento! exclamó el padre, exaltado, al teléfono ¡Así se llamaba mi madre! Murió hace diez años.
La sala se llenó de suspiros y rezos silenciosos.
Exacto. Han pasado diez años y nadie va nunca a visitarla. Todo está lleno de hierbas y la verja se ha caído refunfuñó Inés.
Bueno yo quería, pero nunca encuentro el momento balbuceó el padre.
La sesión terminó.
Al día siguiente, toda la familia se fue al cementerio. Inés nunca había conocido a su abuela, solo había escuchado pequeños relatos de su padre. No fue fácil encontrar la tumba; el campo de mármol, antes bosque de pinos, había crecido demasiado. Inés llevó un ramo de tulipanes amarillos que puso en una botella de plástico cortada. Su padre arregló la verja, su madre quitó la maleza.
Papá, la abuela dice que eres buena persona, pero que estás demasiado atrapado en el trabajo y en internet, y así no te queda tiempo para nada, ni siquiera para mí.
El padre se sonrojó avergonzado y asintió en silencio.
Di que vamos a cambiar él pasó la mano por la cabeza de su hija y luego por la foto descolorida de la tumba.
Ahora está tranquila y ya no vendrá a buscarme, aunque la voy a echar mucho de menos; era bondadosa, alegre y muy lista.
Así es. La abuela veía a las personas tal y como eran. ¿Algo más te ha dicho?
Sí. Que lo de las dietas de pepino es una tontería: si quieres adelgazar, ve al gimnasio. Y que abrir esa cuenta en divisas fue una mala idea: hay que pensar bien las cosas antes. Y sobre el cemento barato que compraste para la base del porche
Hoy, al escribir todo esto, he comprendido que las voces de los que amamos siguen en nosotros si las escuchamos de verdad. Y que a veces, un consejo que creemos imaginario puede ser el más cierto de todos.







