**Diario de una madre**
Se fue en cuanto supo el diagnóstico de nuestro hijo. Y yo me quedé, porque no podía abandonar a mi niño. Aún recuerdo ese día como si se hubiera estrellado contra mi vida para siempre.
El médico sostenía las radiografías, hablando rápido sobre anomalías, zonas dañadas y desviaciones funcionales. Las palabras atravesaban mi cuerpo como el viento por una ventana vacía. Me senté ahí, negándome a entender. No podía.
Pero una frase me atravesó el corazón como un rayo:
“El habla no se desarrollará. Ni ahora ni nunca. No hablará.”
Una consulta fría, una silla dura, la bata blanca del médico. Y mi pequeño hijo, cálido y vivo, confiado contra mi pecho. Dormía plácidamente, su cuerpecito temblaba en sueños, y yo yo parecía quedarme sorda. La voz del médico se convirtió en ruido de fondo, un murmullo lejano y sin sentido. Solo esa frase, negra y afilada, se quedó grabada en mi corazón para siempre.
Nunca podrá hablar.
Nunca dirá “m







