¿Realmente tu esposa es como crees que es?

**Diario personal**

Hoy ha sido un día que me ha hecho replantearme todo. Todo empezó en el trabajo, cuando mi compañero Javier me soltó una bomba sin previo aviso.

Antonio, no quería decírtelo el día de tu boda, pero ¿sabías que tu mujer tiene una hija? Sus palabras me clavaron en el asiento del coche.

¿De qué estás hablando? No podía creerlo.
Mi mujer, al ver a tu Raquel en la boda, me susurró al oído: «¿Sabrá el novio que su prometida dejó a una niña en un orfanato?». Imagínate, Antonio. Casi me atraganto con las aceitunas. Mi Carmen, que es enfermera en el hospital, recordó a tu Raquel por un lunar en el cuello. Dice que la niña se llama Lucía y que lleva su apellido, creo que Martínez. Fue hace unos cinco años Javier esperaba mi reacción con curiosidad.

Me quedé helado al volante. ¡Vaya noticia! Decidí averiguarlo todo por mí mismo. No quería creer esos rumores, pero Raquel tenía treinta y dos años cuando nos conocimos, no era ninguna inocente. Claro que había tenido una vida antes que yo. Pero ¿renunciar a su hija? ¿Cómo podía vivir con eso?

Gracias a unos contactos, encontré el orfanato donde estaba Lucía Martínez. La directora me presentó a una niña risueña:
Esta es Lucía Martínez. ¿Cuántos años tienes, cariño? preguntó la directora.
No pude evitar notar su estrabismo. Me partió el corazón. Sentí que ya era mía. «Aunque el niño sea feo, para sus padres es hermoso», decía mi abuela.

Lucía se acercó sin miedo:
Cuatro años. ¿Tú eres mi papá?
No supe qué responder. ¿Cómo explicarle a una niña que busca un padre en cada hombre?
Lucía, ¿te gustaría tener una mamá y un papá? pregunté, sabiendo que era una tontería, pero ya quería abrazarla y llevármela a casa.
¡Sí! ¿Me llevarás contigo? Sus ojos brillaban con esperanza.
Te llevaré, pero más tarde. ¿Puedes esperar, cariño? Me costó contener las lágrimas.
Esperaré. ¿No me mientes? preguntó seria.
No le di un beso en la mejilla.

En casa, se lo conté a Raquel.
No me importa tu pasado, pero tenemos que traer a Lucía. La adoptaré.
¿Y me has preguntado a mí? ¡No quiero a esa niña! ¡Encima bizca gritó Raquel.
¡Es tu hija! Operaré su ojo y se solucionará. Es una maravilla, la amarás su actitud me dejó perplejo.
Al final, casi la obligué a aceptar la adopción.

Pasó un año hasta que por fin trajimos a Lucía a casa. La visitaba en el orfanato y nos hicimos inseparables. Raquel seguía resistiéndose, pero insistí en completar los trámites. El día que Lucía entró en nuestro piso por primera vez, todo la maravilló. Los médicos corrigieron su estrabismo sin cirugía en año y medio. Se parecía cada vez más a Raquel. Era feliz con mis dos bellezas.

Pero Lucía no se sentía segura. Dormía con un paquete de galletas, como si temiera volver a pasar hambre. A Raquel le molestaba; a mí, me entristecía. Intenté unirnos, pero Raquel nunca la quiso. Solo se amaba a sí misma.

Las discusiones eran constantes.
¿Para

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

3 + 8 =