Dormí con mi novio sin saber que había fallecido dos días antes: ahora espero al hijo de su espíritu

**Diario de Lucía**
Anoche soñé con él. Lo toqué. Lo besé. Lo sentí. Su respiración era cálida, sus labios sabían a menta, como siempre. Llevaba esa sudadera azul que tanto le gustaba, aunque a mí me parecía demasiado holgada y le daba un aire de “chico malo con corazón tierno”. Era real. Me abrazó toda la noche. Me susurró “te quiero” al oído. Prometió que nos casaríamos el año que viene. Recuerdo cada detalle. Cómo sus dedos acariciaban mi brazo. Cómo lloraba cuando yo lloraba. Cómo me amó con una pasión que creí capaz de partirme el alma. Y luego… desapareció.
Me desperté sola, pero no me alarmé. Pensé que había salido a correr, como hacía algunas mañanas. Su colonia aún impregnaba las sábanas. Mi piel ardía donde sus manos habían estado. Pero algo no encajaba.
Llamé.
Otra vez.
Y otra vez.
Entonces, mi mejor amiga, Martina, entró en mi habitación con el rostro desencajado. No entendía por qué lloraba.
Lucía… susurró. ¿No lo sabes?
Me reí. ¿Saber qué?
Javier está muerto.
Parpadeé. ¿Muerto? ¿Cómo?
Ella sollozó. Hace dos días. Un accidente de coche. La noche de la tormenta.
No. No. No.
Grité. La empujé. Le dije que era cruel por mentir. Que no era gracioso. Le enseñé el mensaje que Javier me había enviado la noche anterior. El audio que decía: “Voy hacia ti. Echo de menos tu cuerpo junto al mío.” Ella miró el móvil, temblando.
Lucía… él no pudo enviar eso. Ya estaba en la morgue.
El mundo se me vino encima.
Las rodillas me fallaron.
Corrí al baño, agarré la toalla que había usado, aún húmeda. La sudadera tirada en el suelo. El pequeño moratón en mi cuello.
Él estuvo aquí.
Tenía que estarlo.
Pero la verdad es… lo enterraron ayer.
Y, de algún modo, anoche hice el amor con él.
Pasaron los días. Las noches se volvieron insoportables. No podía dormir. Cada vez que cerraba los ojos, lo veía. A veces, al pie de mi cama. Otras, susurrándome al oído. Una noche, escuché su voz: “No llores, cariño. Sigo aquí.” Intenté grabarlo, pero solo capté estática y mi propio jadeo de miedo.
Luego… me faltó la regla.
Dos veces.
Pensé que era el estrés. El duelo. El trauma.
Hasta que vomité por quinta vez en un día.
Me hice una prueba.
Dos rayas.
Positivo.
Me derrumbé.
La única persona con la que había estado… era Javier.
Pero él estaba muerto.
Enterrado. Descomponiéndose. Ido.
Y, sin embargo, algo crecía dentro de mí.
Algo que se mueve por las noches.
Algo que brilla bajo mi piel cuando apago la luz.
Y cada vez que lloro, que digo que no puedo con esto…
lo escucho susurrar desde las sombras:
“No estás sola. Nuestro hijo viene.”
**Nueve meses después…**
Nació un niño. No lloró como los demás. Solo me miró, sereno, como si ya lo supiera todo. Su piel brilla en la oscuridad. Y a veces, cuando le canto, juro que otra voz se une a la mía… la suya.
Lo llamé Javier, porque nunca fue del todo mío.
Pero antes de irse, me dejó el mejor regalo.
Un pedazo de él…
que nada ni nadie podrá arrebatarme.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

eleven + two =

Dormí con mi novio sin saber que había fallecido dos días antes: ahora espero al hijo de su espíritu
Hoy vi a mamá en la escuela, papá…