El Anillo Ajeno

**El Anillo Ajeno**

Hoy me ha tocado un día de esos que no dan tregua. El trabajo se acumulaba, y Marta ni siquiera pensó en parar para comer. Pero entonces sonó el teléfono. Era su madre.

¿Qué pasa, mamá? Habla rápido, estoy hasta arriba de trabajo respondió Marta con prisa.

Hija La voz de su madre sonaba débil, como si llegara desde muy lejos. No me encuentro bien

Marta esperó, pensando que la línea se había cortado, pero solo escuchó un gemido.

¡Mamá! No te oigo bien ¡Voy para allá ahora mismo! Se abalanzó hacia el perchero, arrancó la chaqueta y salió disparada.

Cúbreme si preguntan le dijo a su compañera antes de salir corriendo.

Ni siquiera se dio cuenta de que llevaba los zapatos de tacón de la oficina hasta que pisó la calle. No había tiempo para volver, así que corrió hacia el coche. Las llaves del piso de su madre estaban en la guantera. El teléfono la sobresaltó; iba con tanta prisa que hasta se saltó algún semáforo. Bah, pagaría la multa, con tal de llegar a tiempo.

Al entrar en el piso, encontró a su madre en el sofá, encogida y con las manos apretadas contra el pecho.

¿Qué te pasa, mamá? ¿El corazón?

Su madre entreabrió los ojos y al instante hizo una mueca de dolor.

Aguanta, ya llamo a una ambulancia dijo Marta, sacando el móvil del bolsillo.

Podría haberla llevado al hospital en coche, pero no sabía si su madre aguantaría bajar las escaleras. El edificio no tenía ascensor. Y pedir ayuda a los vecinos era inútil: a esa hora solo estaban los jubilados.

Mientras esperaba, Marta le acariciaba el hombro y le repetía que los médicos llegarían pronto, que todo iría bien. Dejó la puerta abierta. Cuando entraron los sanitarios con sus uniformes azules, Marta se levantó y les explicó, atropelladamente, lo ocurrido.

El médico le tomó el pulso y la tensión.

La llevamos al hospital. Javier, trae la camilla. Y usted, señorita, busque sus documentos.

¿Qué tiene, doctor? preguntó Marta, angustiada.

Un ataque al corazón, parece un infarto contestó, moviendo la cabeza con preocupación.

Enseguida llegaron Javier y el conductor con la camilla. Marta acompañó a su madre hasta la ambulancia, quiso ir con ella, pero el médico le dijo que solo estorbaría. Le dio el nombre del hospital y le aconsejó llamar para informarse.

Marta regresó al trabajo. La pausa para comer había terminado hacía rato, y si la pillaban fuera, se armaría un lío. Decidió evitar los semáforos y atravesar calles secundarias. Al salir a la avenida principal, notó que el coche tiraba hacia un lado. Se detuvo junto a la acera y bajó. Exacto: la rueda delantera estaba pinchada. Justo lo que faltaba.

¿Y ahora qué? La rueda pesaba demasiado. Con deportivas, quizá habría podido sacarla del maletero, pero con tacones Le entraron ganas de ech

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