Eché a mi mujer de casa y protegí a mi hija de ella después de descubrir adónde llevaba a la niña.
Llevo seis años con mi esposa. Tiene una hija de ocho años, que apenas tenía dos cuando nos conocimos. Su padre la abandonó meses antes de nacer, y de la nada, apareció en diciembre frente a nuestra puerta mientras yo trabajaba. La primera vez que la niña lo vio, él ni siquiera mostró interés por ella.
Pasaron dos semanas, y de repente mi mujer me dice que han acordado la custodia compartida. No quiso decirme dónde vivía ese hombre, ni siquiera darme su número.
Mi esposa siempre lleva y recoge a la niña del colegio y de sus actividades.
Pero a principios de enero, noté que la niña empezó a resistirse a ir con su padre. Decía que daba miedo, que estaba sucio y que no podía dormir allí. Me lo contó delante de su madre, diciendo que no quería volver. Y entonces, el otro viernes
Mi mujer salió del trabajo a las 20:00 y tenía que recoger a la niña. A las 21:00 aún no habían llegado, y no contestaba el teléfono. Llamé a sus hermanas, a su madre. Nadie sabía dónde estaba. Fui a su trabajo, pero tampoco había nadie.
Poco después de las dos de la madrugada, entraron en casa. Me levanté, furioso. Mi esposa, con una expresión inocente, dijo: “Lo siento”. Su excusa fue esta:
Se le había agotado la batería del móvil. Fue a la casa de su ex, pero al llegar, no había nadie. Como no podía llamarle, esperó. Aparecieron pasadas las nueve, con comida. El padre alegó que habían ido caminando a una tienda y compraron algo para llevar. Mi mujer entró y les dejó terminar de cenar. Luego dijo que se quedó dormida en el sofá, despertó a la 1:45 y corrió a casa. Alegó que estaba agotada, que había tenido un día duro.
Al final, me dio la dirección de ese tipo y me pidió que al día siguiente llevara a la niña. Fui con mi hija y descubrí que ¡era una chabola junto a la carretera, en un barrio marginal! Las cucarachas pululaban por todas partes, botellas de cerveza tiradas por el suelo. Él estaba sentado en ropa interior, embobado en el sofá. Volví a casa con mi hija.
Esta noche la he echado. Le ordené que se fuera, pero que dejara a la niña conmigoes el único lugar donde está segura. ¡No voy a mandar a mi hija a ese estercolero! Mi suegra apoya al cien por cien que viva conmigo, y legalmente soy su tutor.
¡No me queda otra opción! Veremos cómo se desarrolla todo esto







