**Diario de un hombre**
Cuando entré en la casa, miré a mi alrededor y recordé que ya la había visto antesen mis sueños. Y a aquella mujer, tan parecida a esta que me recibió Esos sueños los tuve de pequeño, cuando estaba enfermo y lloraba. Porque aquella mujer no tenía rostro, solo unos ojos que brillaban como candiles. Me daba miedo, me parecía un fantasma. Entonces lloraba y llamaba a mi madre. Ella se acostaba a mi lado, me hacía la señal de la cruz y me abrazaba contra su corazón
La casa de Maruja ya hace tiempo que la evitan los vecinos. Los niños ahora corren donde les dan una moneda en vez de un pan duro. El aguardiente de Maruja tampoco es de buena calidadhecho en casa. Solo Fede, el vecino, cuando ya anda bien bebido y apenas se sostiene en pie, se atreve a pasar por allí:
“¡Que llueva, que llueva, que la Virgen lo desea! ¡Echa, Maruja, échame algo!”balbucea, repitiendo lo de siempre.
Ella le sirve, y también se toma un par de copas con élasí duerme mejor. Eso sí, si al menos Fede pensara un poco en lo que dice pero no, siempre termina pinchando donde más duele
“Así nos va, Maruja Tú y yo como dos troncos viejos en el monte. No tenemos a nadie, ¿verdad? Pero tú al menos tienes una hija”
“¡Bebe y cállate, como el Perro que ladra a la luna! ¡Claro que tengo una hija! ¡No sé dónde estará, pero la tengo! ¡Así que vete a tu casa y no des la tabarra! ¡Anda, lárgate!”le gruñó, casi empujándole.
Fede no se iba, aunque ella ya le estaba echando a hombros.
“Ya sé por qué te enfadas Lo sé Y todo el pueblo sabe que entregaste a tu nieto a unos extraños. ¿Dime que no es verdad? ¡Dímelo! Ja, ja ¿Sabes lo que dicen las viejas? ¡Que ese niño te visita en sueños! Por eso brillan tus ojos de noche, ¡porque tienes miedo! ¡Ajá! ¿O no?”le dijo, mirándola con sorna.
“¡Escucha, borracho maloliente! ¡Vete y no vuelvas! ¡Olvídate de esta casa!”Maruja le agarró por el cuello de la chaqueta mugrienta y, como a un gato indeseable, lo arrastró hasta la puerta.
“¡Te has vuelto loca, Maruja! ¡Suéltame!”no podía zafarse de sus manos.
“¡Nunca más! ¿Me oyes? ¡Nunca vuelvas!”le gritó.
Él solo se rio Y es verdad, nunca más volvió, ni a pedir copa ni a charlar. Quizás por vergüenza, o por miedo. Ella le habría perdonado, si hubiera entrado solo a brindar. Porque, al fin y al cabo, como dicen por aquí, es de buena educación. Nadie escuchó lo que él le dijo Pero era verdad Y duele más cuando la verdad te golpea.
A ella sí que le sueña el niño. Nunca puede verle la cara. Solo los ojos, como candiles, brillan Se queda en el umbral, pidiendo entrar pero no pasa, no brinda Lo ha visto una y otra vez, y no sabe si es sueño o realidad.
***
El sol ya caía hacia el mediodía, y Maruja sabía que esta vez Fede no vendría. Recordó el rencor del año pasado y casi sintió otra vez la grasa de su chaqueta en los dedos. Se sentó sola a la mesa, se sirvió una copa ¡Era fiesta, al fin y al cabo!
En el patio, el Perro ladró como loco, y la puerta chirrió. Alguien entraba.
“¡Felices fiestas! ¿Se puede brindar?”en el umbral había un hombre joven y apuesto.
Maruja se levantó de un salto y se quedó tiesa:
“Brinde, si ha venido”
“Por la salud y la felicidad”el desconocido esparció unos granos de trigo.
Ella no le quitaba los ojos de encima. Notó que, mientras brindaba, él miraba cada rincón. «¿Querrá robarme?», pensó con miedo. Ojalá estuviera Fede
“¿Buscaba algo en concreto? ¿O solo ha venido a brindar? ¿Quién es usted?”preguntó con voz temblorosa.
“Bueno, lo normal es invitar al que brinda, ¿no? Pero no se preocupe, yo traigo de todo”y, con decisión, sacó de su bolsa vino, embutido y dulces.
Maruja, aturdida, sacó de la lumbre una cazuela con patatas y torreznos, y se sentó frente al invitado, que tan hábilmente había ayudado a poner la mesa.
«¿Será algún hijo de Lourdes? Aunque parece muy joven ¿Y por qué lo habría mandado ella?»pensaba, mientras servía la comida.
El invitado llenó las copas, y ella no sabía qué hacer. Había que decir algo
“Se nota que no es de aquí. ¿Busca a alguien?”
“Sí ¿Usted es Maruja Martínez?”
“La misma.”
“¿Y su marido era Pedro Jiménez?”
“Era pero ya descansa”
“¿Y su hija es Lourdes Martínez? Aunque, la verdad, no sé nada de ella”
“Sí sí”
“Pues si todo cuadra yo soy su nieto, Víctor.”el hombre se levantó y le tendió la mano”Mucho gusto.”
El mundo le dio vueltas ante los ojos De pronto, recordó al niño de sus sueños, el que a veces venía a pedirle que brindara. Este desconocido tenía los mismos ojos, brillantes como candiles
Maruja gritó y tambaleó pero unas manos fuertes la sostuvieron y la sentaron en el banco.
“No me tema. No vengo a reprocharle nada Solo quería verla, y esta casa, donde una vez me rechazaron Hace poco murió mi verdadera madre, y antes de irse, me lo contó todo. Por eso vine. Solo para ver”
A ella le pareció que estaba llorando a gritos, pero en realidad solo sollozaba. Y habló. Por primera vez en su vida, contó todo. El hombre que decía ser su nieto la miraba fijamente, y ella no sabía dónde esconder la mirada. Cuando terminó, Víctor se levantó, suspiró, miró la casa Y como había entrado, así se fue, dejando caer al salir:
“Que Dios la juzgue No yo.”
La nieve se levantó tras su coche. No vio la matrícula, ni la marca, ni preguntó dónde vivía. Salió corriendo, sin abrigo, hasta la verja Y allí se quedó, con el corazón encogido.
***
Lourdes fue siempre una niña obediente.
“¡Serás maestra!”decidió su padre”¡Y ni pienses en casarte hasta que termines!”
Ella ni lo pensaba, aunque sus padres ya tenían un novio en mente. Su madre le insistía:
“Hija, eres una chica bien. No pierdas el tiempo con cualquiera. Mira ese Andrés, el hijo de Íñigo ¡Ese sí que es un buen partido! Militar, con sueldo y casa. Para cuando termines, estará establecido.”
Y sin que su madre insistiera, Andrés ya le daba vueltas a la cabeza. Pero él era mayor. Cuando venía de permiso, todas las chicas se le echaban encima. Aunque ella no era tímida. Y él también se fijó en ella. Pero tuvo que marcharse. La acompañó a casa:
“Solo tres años. No es tanto. Nos escribiremos Y luego nos cas






