Amor Infinito

Querido diario,
Hoy reviví nuestro pasado. Esperanza escuchó el chasquido de la cerradura al llegar Catalina de la universidad. Sus pasos resonaron por el pasillo mientras se acercaba.

-¿Quieres comer algo? -preguntó Esperanza sin levantar la vista de su labor de punto.
-Más tarde. Mamá, necesito hablar contigo.
-¿Pasa algo malo? -Esperanza alzó la mirada. Catalina estaba ante ella con un enorme ramo de rosas rojas.
-¡Vaya! Déjame adivinar… Carlos te pidió matrimonio.
-¡Ay, mamá, así no tiene gracia! -protestó su hija-. Yo quería decírtelo y sorprenderte.
Catalina dejó las flores sobre la mesa y se acomodó junto a su madre en el sofá-. ¿Cómo lo supiste?

Esperanza apartó sus agujas.

-¿Qué había que adivinar? Todo llevaba ahí. Os conocéis desde niños, lleváis más de dos años juntos, pasáis siempre tiempo libre. Además, ramos así no se regalan sin motivo. ¿Te dio también un anillo?
-Sí, mira. -Catalina extendió su mano derecha exhibiendo un anillo de oro con una piedra blanca-. Bonito, ¿verdad?

-Precioso. Pero… ¿acaso no estás contenta? -inquirió Esperanza con cautela.
-Sí, contenta. Solo dudo si deseo casarme ya. Me divierto con él, le echo de menos si un día no lo veo. Pero me gusta volver a casa y acostarme sola. Quizá aún no preparada para algo mayor.
-¿Tal vez porque te gusta otro? -apuntó Esperanza.
-Me halaga el interés de otros chicos, mas ninguno como Carlos. ¿Y si esto no es amor verdadero? ¿Ese para toda la vida como el vuestro?

-Aunque mujer hecha, aún algo ingeniosa. -Esperanza atrajo a su hija y la estrechó-. Si es amor verdadero, solo lo sabrás tras vivirlo -suspiró-. Todas en tu edad sueñan con boda, vestido blanco, estar cada minuto con su amor. Pero tú vacilas. Quizá mejor esperar. ¿Qué le respondiste?
-Le dije sí. Mas rogué aguardar hasta terminar los estudios.
-Bien hecho. Disfruta de ser novia. Todos corren por volverse esposas. Y esposa implica deberes, cuidados por otro además de ti misma. Y decepciones. Convivir es arduo: descubres sus defectos; algunos imposibles de soportar salvo con amor. Y los hijos…
-Por eso mismo. Me gusta nuestro momento actual. Gusta estar sola aunque le añore. ¿Acaso no le amo?
-Solo actúas con responsabilidad. No eres frívola y punto. Habla con él, explícale. Si te ama, comprenderá y aguardará -aconsejó Esperanza.

-Él se disgustó -murmuró Catalina.
-Fácil entenderse. Te declaró pensando hacerte feliz, y tú pides espera. Es casi un rechazo -sonrió ella con ironía.
-Tal vez yo no le quiera tanto como él a mí. ¿No será amor verdadero? ¿Qué si me decepciono? Muchos aman y luego divorcian.
-Por desgracia, los sentimientos se enfrian con el tiempo, no todos están preparados -asintió Esperanza.
-¿Y tú cómo supiste que amabas a papá? -preguntó vivaz Catalina.
-Me sincero… Le quise antes de verle -respondió riendo ella.
-¿Cómo? ¿En sueños? Cuéntame -Catalina se removió buscando mejor postura.

-Bien. Yo también estudiaba entonces. Tenía una amiga, Paula. Guapa pero algo frívola. Vino de fuera y vivía en la residencia. Antes de exámenes de junio, mis padres marcharon de vacaciones. A papá le dieron plaza en el balneario de Archena. Sufría articulaciones y allí trataban bien. Así que fueron.

Convine que Paula se quedara aquí. En residencia mucho ruido dificulta estudio. Ella se mudó al instante. Paula llevaba meses con un chico, no de nuestra facultad. Me taladraba los oídos hablando de él: lo guapo, lo listo… hasta sus rizos de seda…
-¡Igual que yo con Carlos! -interrumpió Catalina.
-Exacto. Yo aún no le veía pero le imaginaba vivo. Siempre soñé con uno así. Paula era una bendita, todos los chicos tras ella. Yo me creía común, nada especial.
-Falso: Carlos dice que eras hermosa. Papá siempre igual -dijo Catalina.
-Como toda joven, no me valoraba. Creía otras más atractivas o delgadas. Paula, por ejemplo. Yo piernas gruesas, pecho pequeño… Así que el príncipe fue de mi amiga.

Tras un examen él nos encontró en la facultad. Le reconocí al instante. Como cuando ves por calle al hombre de tu sueño. Era como imaginado. Pero… novio de mi amiga con todo serio -Esperanza suspiró mientras Catalina apretaba el abrazo.

-Había otro estudiante, Guillermo. ¡Cómo tocaba la guitarra! ¡Qué voz! Me daban escalofríos al oírle cantar. Chicas todas locas por él. Él lo aprovechaba. Cambiaba novias como pañuelos.
-¿Y tú sufriste por él?
-¿Yo? Imposible. Ni me miraba. Pero Paula… Hasta salieron poco. Ella no soportaba las chicas tras él, sus flirteos… Luego apareció Víctor…

Un día Paula llegó de cita con un ramo. Igual que tú hoy. Radiante de dicha. Y me mostró un anillo, pequeño y fino. Dijo que él podía darle mejor. En fin, Víctor le pidió matrimonio.
Y yo solté que si él a mí me diera un anillo, sería perfecto. Paula casi me riñe. Me arrepentí. Resultó que Víctor se extrañaba de los chicos no atendiendo a chica como yo.

Dos días después Guillermo llamó a Paula. Lejos del encuentro la disuadí. Que no soltaba a quienes le dejaban. Estrella ella osaba ignorarle y además casarse. Paula no me atendió. Gritó que envidiaba pues Guillermo jamás me llamaba a mí.

Cuando ella salió, vino Víctor. Mentí que Paula fue a
Y mientras la sostuve en mis brazos, comprendí que la amistad sincera es el cimiento inquebrantable sobre el que florece el amor verdadero.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

2 × 2 =