La Amiga Maldita

**LA “AMIGA” MALDITA**

Hay mil casos de maridos que se van con la mejor amiga de su mujer. Y tiene su explicación.

Tu amiga es casi de la familia. Entra y sale de tu casa como si fuera suya. Conoce todas las costumbres, los cumpleaños de tu marido y de tus hijos. Lleva años estudiando los gustos y aficiones de tu pareja.

Aunque seas muy diferente a ella, algo os ha unido durante tanto tiempo. Y ese “algo” es suficiente para que, un buen día, tu marido te diga adiós con la mano y se marche.

Así pasó en mi casa…

…Marina era mi compañera del colegio. Llevábamos siendo amigas toda la vida. Nunca la vi como una rival. ¡Qué error…!

Ella siempre me decía: *”Tu Javier no me interesa para nada como hombre.”*

Yo me reía, confiada: *”¡Menos mal!”*

Me casé justo al salir del instituto. Él tenía 19, yo 17. Las estadísticas sobre matrimonios jóvenes que fracasan no nos asustaban. Creíamos que moriríamos el mismo día, setenta años después. ¡Qué inocentes…!

Marina venía mucho a casa. Veía cómo disfrutaba de mi felicidad. Tuvimos dos hijos. Los años pasaban, y ella seguía soltera. Claro, tenía sus aventuras, pero nadie se quedaba. Prometían y prometían, pero al final desaparecían.

Era prácticamente de la familia. Siempre llegaba impecable: maquillaje llamativo, uñas perfectas, vestidos con escotes que llamaban la atención. Comparada con ella, yo, en bata, con la fregona y los cacharros de cocina, perdía por goleada. Ahora lo veo claro. Entonces, ni me daba cuenta.

Mi madre me advertía: *”Marina te envidia. Aléjate de ella. Las amigas solteras son como bombas de relojería. Nunca sabes cuándo explotarán.”*

Yo, ingenua, contestaba: *”¿Pero de qué va a envidiar? ¡Si no tengo ni tiempo para respirar!”*

¡Mi madre tenía razón!

Con el tiempo, cuando Marina venía, Javier se enfadaba y se encerraba en otra habitación. Pensé que le molestaban nuestras charlas. Así que reduje las visitas. ¡La familia primero! Luego entendí que mi marido ya estaba enamorado de Marina. Cada vez que ella aparecía, él sufría. Como dice el refrán, *”la hierba del vecino siempre parece más verde.”*

…Un verano, me fui con los niños a la playa. Javier prometió arreglar la cocina mientras estábamos fuera.

Cuando volvimos, supe que hacía días que no estaba. El limonero de la maceta estaba seco. Nadie lo había regado… Y de obras, ni rastro.

*”¿Quién será la serpiente que se ha llevado mi felicidad?”* Empecé a repasar mentalmente a todas las posibles.

De pronto, vi un pintalabios junto al limonero muerto. ¡Y reconocí ese tono rojo chillón! ¡Era de Marina! Las piernas me fallaron. Me senté, intentando asimilarlo. Corrí a su casa, esperando que todo fuera un malentendido. Que se reiría y diría que era una broma. Pero no…

Marina abrió, pero no me dejó pasar.

*”¿Me explicas qué hace tu pintalabios en mi casa?”*, le grité.

*”¿Todavía no lo entiendes? Javier y yo nos queremos. Desde hace tiempo”*, dijo, tranquila.

Volví a casa, imaginando cómo habría pasado: ella llamaría, él abriría. Ella entraría, vería que estaba solo. Le diría que con esa barba de días estaba aún más guapo. Le tocaría la cara, él agarraría su mano y la besaría… Esas imágenes me enloquecían.

Bueno… Los hombres se van tanto de mujeres malas como de buenas. Hasta los matrimonios bendecidos se rompen. Así ha sido siempre. El hombre es curioso. Cree que la mujer ajena es un cisne, y la suya, una mala hierba. Duele el doble si la otra es tu mejor amiga.

…Un día, me encontré con una conocida, Julia. Se casó tarde, a los 28. Tuvo un hijo, y su marido lo adoraba. Más que a ella. Era un mujeriego: se iba y volvía por el niño. Julia lo aguantó años. ¿De dónde sacaba las fuerzas? Quizás de su trabajo: es una costurera excelente. Siempre tiene clientes. Nos veíamos de vez en cuando.

Siempre le preguntaba: *”¿No te has vuelto a casar?”*

Ella respondía: *”No. Y no quiero.”*

Pero esa vez, sonrió: *”¡Mi Santi ha vuelto! ¿Te lo crees? Después de 16 años, dejó a sus amantes y se arrastró de vuelta. Lo acepté. ¿A quién le interesa ya? Yo tampoco estoy para fiestas. Al menos tendré quién me cuide. Lo importante es la familia. ¿Para qué sirven esos amores pasajeros?”*

Quizás tiene razón. Llevan siete años juntos, sin separarse.

En fin, lo pasado, pasado está. Una amistad rota no se remienda.

…Ahora tengo otro marido y una amiga muy casada. Con eso me basta.

Javier y Marina se separaron al año, y él acabó en brazos de otra mujer. Con la que sigue hoy.

Claro, las amigas son necesarias. Para charlar, desahogarse…

Pero hay que tener cuidado, sobre todo con las más cercanas.

Filtra bien lo que cuentas de tu vida tranquila, o la desgracia te alcanzará…

Marina nunca formó una familia. Sigue sola…

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